OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ.- En los últimos días hemos escuchado reacciones muy enérgicas desde sectores de la comunicación digital, especialmente en programas de gran audiencia, frente al anteproyecto de Ley de Libertad de Prensa presentado por el gobierno del presidente Luis Abinader. Algunos comunicadores han proclamado con tono desafiante que “no se doblegarán ante los intereses del Estado dominicano”.
Sin embargo, más allá del ruido, es necesario entrar al fondo del debate. Esta propuesta legislativa no busca silenciar a nadie, sino establecer parámetros razonables para que las plataformas digitales —que hoy tienen un alcance masivo— sean espacios donde reine el respeto y la convivencia.
No se trata de censura. Se trata de decencia digital. Es como pedirle a cualquier ciudadano que salga vestido a la calle, no desnudo. Todos tenemos derecho a expresarnos, pero dentro de un marco que respete a los demás y a la sociedad. Lo mismo debe aplicarse a quien se expresa en redes sociales o medios digitales.
Hoy, cualquier persona puede tener un canal, una cuenta o un programa en redes. Eso es un logro de nuestra democracia. Pero ese privilegio debe ir acompañado de responsabilidad y moderación. No se puede confundir la libertad con el libertinaje, ni el derecho a opinar con la licencia para insultar.
Por eso, apoyar esta iniciativa es un acto de compromiso con la República Dominicana, no una rendición ante el poder. Es pensar en el país que queremos construir: uno donde reine la libertad de expresión, pero dentro de los límites del respeto y el civismo.
Esta ley no impide que nadie tenga su canal o su espacio en las redes. Solo pide que lo hagan con dignidad, sin malas palabras, sin desinformar, sin destruir reputaciones impunemente. Es una defensa de la libertad, sí, pero también de la cordura colectiva.
Apoyémosla, no por obediencia ciega, sino por amor al país y por respeto a las futuras generaciones. Porque la patria necesita voces libres, pero también responsables. Que cada canal salga a la calle, sí, pero vestido con el traje del respeto.
