OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- Una misma nación recibió dos estilos de diplomacia: La actual representante, que inició su misión orando en silencio y poniendo su labor en manos de Dios, gesto de respeto hacia la fe, la Constitución y la soberanía moral del pueblo dominicano.

Su antecesor, que ofició simbólicamente una unión entre personas del mismo sexo, desafiando abiertamente las leyes dominicanas que solo reconocen el matrimonio entre hombre y mujer.

No es un tema religioso.
Es un tema de soberanía y respeto institucional.

Un embajador no viene a “corregir” la cultura del país anfitrión.
No puede actuar como activista político, imponiendo agendas que chocan con la Constitución.

Cuando un diplomático respeta nuestras leyes, coopera.
Cuando las desafía, provoca.

La República Dominicana no es hostil.
Pero tampoco es tutelable.

Pequeña en territorio, grande en dignidad.
Aquí se dialoga, no se impone