OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- En la República Dominicana hemos llegado a un punto en el que la burocracia, creada con la intención de evitar fraudes y dar transparencia, se ha convertido en una pesada estructura que ralentiza y limita la eficacia del propio Estado. Es como un elefante en una tienda de cristalería: cada movimiento resulta difícil y, muchas veces, termina rompiendo más de lo que logra proteger.
Los hechos recientes muestran que, a pesar de los múltiples comités de compras y de los incontables mecanismos de control, los recursos públicos siguen expuestos a fugas y malos manejos. No se trata de señalar a un gobierno en específico, sino de reconocer que el modelo de controles sobre controles no ha dado los resultados esperados.
Frente a esta realidad, surge la necesidad de imaginar soluciones distintas. Una propuesta interesante sería que todas las adquisiciones estatales pasen por unos tribunales de honorables, conformado por cinco personas de alta credibilidad, que se encarguen de aprobarlas según el orden de ingreso y con publicaciones diarias de sus decisiones. De esta forma, se eliminaría la maraña de comités y estructuras que hoy hacen el sistema lento e inoperante, y al mismo tiempo se daría mayor transparencia y confianza a la ciudadanía.
No se trata de inventar de cero. En épocas de escasez, el Banco Central llegó a tener una Dirección de Cambio que autorizaba cada canje de divisas y establecía prioridades nacionales. Ese modelo demostró que, con orden y criterio, se pueden tomar decisiones claras, ágiles y respetadas.
Lo importante es reconocer que no podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes. La burocracia excesiva no ha logrado su cometido, y lo que el país necesita es un sistema más simple, transparente y eficiente que garantice el buen uso del dinero público y refuerce la confianza de todos.
