OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, DOCENTE UNICARIBE, PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- Hace poco leí el testimonio de un emprendedor tecnológico con más de seis años trabajando directamente en inteligencia artificial. No era un periodista ni un futurista. Era alguien que vive dentro del laboratorio. Su relato comienza recordando febrero de 2020, cuando algunos hablaban de un virus lejano mientras el mundo seguía su rutina que finalmente termino afectando las economías mundiales. Su tesis es inquietante: hoy estamos viviendo el mismo momento, pero con la inteligencia artificial.
Según su experiencia, durante años el progreso fue gradual. La IA ayudaba, sugería, corregía. Era una herramienta poderosa, pero seguía siendo una herramienta. Hasta que en febrero de este año llegaron nuevas versiones de modelos avanzados y, en sus propias palabras, “algo cambió definitivamente”. Ese mes fue el momento en que dejó de sentir que estaba usando una herramienta y empezó a sentir que estaba supervisando un sistema que hacía su trabajo completo.
Lo que describe no es una predicción. Es una experiencia laboral real. Explica que ahora describe en lenguaje natural lo que desea construir, se levanta de su computadora y regresa horas después para encontrar el trabajo terminado, probado, corregido y optimizado. No un borrador. El resultado final. Afirma que por primera vez sintió que la inteligencia artificial estaba tomando decisiones con criterio, con algo parecido al juicio profesional que siempre creímos exclusivo de los humanos.
Este testimonio coincide con lo que ya muestran estudios del MIT, Stanford y el McKinsey Global Institute: la inteligencia artificial está aumentando la productividad del trabajo intelectual de forma medible y acelerada. Investigaciones recientes indican que la duración de tareas que los modelos pueden completar sin ayuda humana se duplica cada pocos meses. Este dato, aparentemente técnico, es crucial: cuando una tecnología puede ejecutar tareas completas de principio a fin, deja de ser una herramienta y pasa a ser un actor productivo.
La pregunta relevante para República Dominicana es inmediata: ¿qué significa esto para nuestra economía?
En servicios profesionales, donde miles de dominicanos trabajan en derecho, contabilidad, finanzas y consultoría, la transformación será profunda. Investigaciones del FMI señalan que la inteligencia artificial podría impactar hasta el 40% de los empleos en economías emergentes. Gran parte del trabajo junior y repetitivo será automatizado, lo que cambiará la estructura laboral de firmas y empresas. El trabajo no desaparecerá, pero se reducirá la necesidad de grandes equipos para tareas analíticas básicas.
El sector de call centers y BPO, uno de los mayores generadores de empleo formal en el país, enfrenta una reconversión inevitable. McKinsey ha documentado que los sistemas conversacionales avanzados ya pueden resolver interacciones complejas con clientes. La industria no desaparecerá, pero evolucionará hacia roles de supervisión, ventas complejas y gestión de experiencias.
En la banca y el sistema financiero, el impacto será principalmente positivo. El FMI y el Banco Mundial destacan el potencial de la IA para mejorar la inclusión financiera, el análisis de riesgo y la detección de fraude. En un país con espacio para ampliar el acceso al crédito, estas herramientas pueden acelerar la modernización del sistema financiero.
El turismo, principal motor económico nacional, también entra en esta transformación. Sistemas predictivos, personalización de servicios y automatización operativa ya están cambiando la industria global. Para República Dominicana, la adopción temprana puede fortalecer la competitividad internacional del destino.
En educación, el cambio será estructural. La OCDE advierte que el modelo educativo basado en memorización pierde relevancia cuando el conocimiento es instantáneo. La IA puede convertirse en tutor personalizado permanente, lo que abre una oportunidad histórica para reducir brechas educativas si el país se adapta a tiempo.
En salud, investigaciones publicadas en Nature y The Lancet muestran que la IA ya iguala o supera el desempeño humano en diagnóstico por imágenes y análisis clínico. Para un sistema con limitaciones de recursos, esto representa una oportunidad de expansión de cobertura y eficiencia.
La administración pública también puede beneficiarse mediante automatización de trámites, análisis de políticas públicas y atención ciudadana digital, áreas donde el Banco Mundial identifica un alto potencial de mejora para economías emergentes.
Sin embargo, el mayor riesgo no es tecnológico sino cultural. El Banco Mundial advierte sobre la brecha de adopción tecnológica: los países que adoptan tarde las tecnologías de propósito general pierden competitividad relativa durante décadas. La inteligencia artificial amplificará esa dinámicaEl testimonio del técnico que abrió este artículo termina con una advertencia simple: la mayoría de las personas aún usa la IA como si fuera un buscador, mientras quienes la utilizan como socio de trabajo ya están obteniendo ventajas reales. Esa diferencia, afirma, es la nueva brecha económica.
La historia económica demuestra que cada revolución tecnológica genera incertidumbre antes de producir prosperidad. La diferencia ahora es la velocidad. El cambio no avanza en décadas, sino en meses. La inteligencia artificial ya está redefiniendo el trabajo, la educación, la salud, la banca, el turismo y la administración pública.
El futuro no llegará lentamente. Llegará de forma repentina, como ocurrió en 2020, ya en febrero 2026 llego Chat GPT 5.3 CODEX de Open AI y OPUS 4.6 de Anthropic de CLAUDE una verdadera revolucion que hay que vivirla para entenderla.
Y la República Dominicana deberá decidir si quiere observar el cambio desde la distancia o participar activamente en él.
Andrés Aybar Báez
Docente UNICARIBE
Para 7 Segundos Multimedia

