OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- Hay reuniones diplomáticas que pasan inadvertidas y otras que, por la naturaleza de sus protagonistas, despiertan curiosidad.

La reciente conversación de la embajadora de Estados Unidos con Santiago Matías y representantes de Dominicanos Primero pertenece a la segunda categoría.

No necesariamente porque haya algo extraño detrás de ella. Probablemente ocurra todo lo contrario: una embajada importante tiene la obligación de conocer lo que está sucediendo en el país donde está acreditada, conversar con actores tradicionales y emergentes y tratar de anticipar hacia dónde se mueve la sociedad.

Pero precisamente por eso la reunión invita a una reflexión interesante:

¿Qué está viendo Washington en el fenómeno Alofoke que quizás nuestros partidos tradicionales todavía no han terminado de comprender?

Santiago Matías dejó hace tiempo de ser solamente un comunicador. Ha construido una plataforma con una capacidad extraordinaria para llegar a sectores de la población —especialmente jóvenes— que cada vez consumen menos los medios tradicionales y se identifican menos con las estructuras políticas de siempre.

Ahora incursiona abiertamente en política.

Resulta entonces perfectamente comprensible que una embajada quiera conocer qué piensa, qué propone y hasta dónde podría llegar.

No veo razón para convertir eso en una polémica ni mucho menos en una acusación de intervención extranjera. No existe evidencia pública de que Estados Unidos esté respaldando electoralmente a Santiago Matías, y sería injusto insinuarlo como un hecho.

Sin embargo, la fotografía deja una enseñanza para nosotros.

Washington observa; nosotros deberíamos observar también.

La diplomacia estadounidense históricamente ha tenido una gran capacidad para detectar cambios sociales antes de que estos lleguen al poder.

Si hoy conversa con influencers, podcasters, empresarios digitales y nuevas figuras políticas, quizás sea simplemente porque ha entendido que el poder ya no circula exclusivamente por los partidos, los periódicos y las organizaciones empresariales.

También circula por un teléfono celular.

Eso debería preocupar menos a nuestros políticos que otra pregunta mucho más incómoda:

¿Por qué un influencer ha conseguido comunicarse con sectores de la población que los partidos tradicionales parecen haber perdido?

Esa es, a mi juicio, la verdadera discusión.

Porque sería demasiado fácil culpar a Washington si mañana aparece un outsider con posibilidades electorales. Mucho más difícil sería preguntarnos qué hicieron —o dejaron de hacer— nuestras propias organizaciones políticas para crear ese espacio.

Las formas también cuentan

Ahora bien, existe otro aspecto que merece consideración.

Estados Unidos y República Dominicana mantienen una relación demasiado profunda para reducirla a suspicacias. Comercio, inversión, migración, seguridad, turismo y una enorme comunidad dominicana en territorio estadounidense nos unen diariamente.

Somos socios y amigos.

Y precisamente entre amigos existe espacio para una observación respetuosa.

Cuando una figura diplomática de la importancia de la embajadora estadounidense se reúne con un dirigente político emergente, inevitablemente la fotografía adquiere una dimensión que probablemente ninguno de sus protagonistas haya pretendido darle.

Por eso considero saludable que tanto las embajadas como nuestros dirigentes políticos manejen estos encuentros con prudencia, especialmente cuando comienza a acercarse el ciclo electoral.

No porque conversar sea impropio.

Todo lo contrario: conversar es precisamente la esencia de la diplomacia.

Pero en política las percepciones también forman parte de la realidad.

La decisión finalmente será dominicana

Personalmente celebro que aparezcan nuevas voces.

Si Santiago Matías quiere participar en política, tiene exactamente el mismo derecho que cualquier dominicano. Tendrá que presentar propuestas, organizar una estructura, someterse al escrutinio público y demostrar eventualmente si su enorme audiencia digital puede convertirse en confianza electoral.

Y los partidos tradicionales tendrán que competir.

Quizás hasta les haga bien.

Lo verdaderamente importante es que ese proceso permanezca donde corresponde: en manos del ciudadano dominicano.

Estados Unidos defenderá naturalmente sus intereses. China defenderá los suyos. Europa hará lo propio.

Así funciona el mundo.

República Dominicana también debe aprender a defender los suyos con madurez, sin complejos, sin antiamericanismos innecesarios y sin nacionalismos estridentes.

Podemos ser excelentes aliados de Washington y, al mismo tiempo, recordar serenamente que nuestra democracia tiene edad suficiente para escoger su propio camino.

Por eso, más que preguntarme si Washington está “apoyando” a Alofoke —para lo cual no tenemos evidencia—, me hago una pregunta quizás más interesante:

¿Qué transformación de la sociedad dominicana están detectando los diplomáticos extranjeros que nuestros políticos todavía no están viendo?

Ahí puede estar la verdadera noticia.

Y quizá la reunión con Santiago Matías no sea una señal para preocuparnos por Washington.

Quizás sea una señal para que nuestros partidos comiencen a preocuparse por ellos mismos.