OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- En Santo Domingo existe un complejo hospitalario que no solo representa modernidad y capacidad médica, sino también memoria histórica y reconocimiento moral: la Ciudad Sanitaria Luis Eduardo Aybar. Su nombre no es casual. Es el homenaje permanente a un médico dominicano cuya vida estuvo marcada por el servicio público, la formación profesional y una profunda convicción humanista de la medicina.
Luis Eduardo Aybar Jiménez perteneció a una generación que ejerció la medicina cuando el país enfrentaba enormes carencias sanitarias y la atención hospitalaria pública era un desafío diario. En ese contexto, eligió dedicar su carrera al sistema de salud estatal, convencido de que la medicina debía ser accesible para todos, especialmente para los más vulnerables. Su trayectoria quedó estrechamente vinculada al antiguo Hospital Morgan, institución que con el tiempo evolucionaría hasta convertirse primero en el Hospital Luis Eduardo Aybar y posteriormente en la moderna Ciudad Sanitaria que hoy conocemos.
Quienes lo conocieron recuerdan a un médico de trato cercano, carácter sereno y profundo sentido de responsabilidad. No solo era reconocido por su capacidad clínica, sino por su forma de relacionarse con los pacientes, a quienes trataba con dignidad, respeto y empatía, incluso en tiempos en que los recursos hospitalarios eran limitados. Defendía una idea que hoy parece evidente pero que en su momento fue transformadora: la medicina no se reduce a curar enfermedades; también implica acompañar al paciente con humanidad.
Su influencia trascendió el ejercicio clínico. Comprendió que el futuro del sistema de salud dominicano dependía de la formación de nuevas generaciones de médicos, por lo que dedicó parte importante de su vida a la enseñanza y al acompañamiento profesional. Muchos especialistas del país lo recuerdan como mentor y ejemplo, un referente ético cuya huella continúa viva en la práctica médica dominicana.
La evolución del antiguo hospital hacia un complejo hospitalario moderno representó una oportunidad para honrar esa trayectoria. Nombrar la Ciudad Sanitaria en su honor fue una forma de enlazar pasado y futuro, reconociendo a quienes construyeron las bases del sistema de salud y proyectando esos valores hacia la medicina del siglo XXI. El complejo simboliza la continuidad de una visión: una medicina pública fuerte, accesible y guiada por el compromiso social.
Hoy, cada consulta, cada intervención y cada vida salvada dentro de ese recinto hospitalario forman parte del legado de Luis Eduardo Aybar Jiménez. Su nombre se ha convertido en sinónimo de vocación, humanismo y servicio. Más allá de los edificios y la tecnología, la Ciudad Sanitaria representa una filosofía de salud pública basada en la dignidad del paciente y en la responsabilidad social del médico.
El tiempo transforma las instituciones, pero los valores que las originan permanecen. Por eso, el nombre de Luis Eduardo Aybar Jiménez sigue vivo en cada gesto de atención, en cada profesional formado y en cada dominicano que encuentra allí esperanza y cuidado. Su legado no es solo histórico; es una presencia cotidiana en la medicina dominicana.
