OPINIÓN, ANDRÉS A AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- El discurso de la embajadora Leah F. Campos ante AMCHAM no fue diplomacia ornamental; fue una declaración estratégica de aquello que Washington espera de la República Dominicana y de lo que está dispuesto a construir con nosotros. Con una claridad pocas veces vista, afirmó que la relación bilateral se fundamenta en soberanía, seguridad, crecimiento económico y cooperación real, dejando establecido que “America First no significa America Alone” y que los Estados Unidos necesita aliados fuertes, confiables y alineados. Ese mensaje coloca a la República Dominicana en una posición clave, pero también nos obliga a definir qué tipo de socio queremos ser.

Estados Unidos entiende que la seguridad de nuestra frontera es un componente de su propia seguridad territorial. La embajadora fue contundente al respaldar el derecho dominicano a controlar su frontera con Haití y al advertir que la inestabilidad haitiana afecta directamente a ambos países. Esta postura implica que la cooperación en inteligencia, narcotráfico, lavado de activos y vigilancia marítima no será opcional, sino parte central de la agenda bilateral. Si la República Dominicana responde fortaleciendo sus instituciones y modernizando su control fronterizo, podemos consolidarnos como un socio estratégico en un hemisferio cada vez más desafiante.

En materia económica, la embajadora fue igual de clara: visitará primero a Central Romana y no permitirá que se politicen los asuntos comerciales. Enviar ese mensaje desde el inicio tranquiliza a los inversionistas y a la industria, pues indica que la relación con EE. UU. se evaluará con criterios de transparencia, estabilidad y respeto mutuo. Esto permite a la República Dominicana consolidarse como destino de inversión, plataforma manufacturera y punto clave del nearshoring que impulsa la nueva estrategia industrial estadounidense.

El discurso también colocó al país en el radar tecnológico de los Estados Unidos. Campos apoyó la intención dominicana de integrarse a la cadena de semiconductores y resaltó la urgencia de fortalecer la ciberseguridad, recordando que RD sufrió 233 millones de intentos de ciberataques en seis meses de 2025. Si alineamos educación técnica, regulación moderna e infraestructura confiable, podríamos convertirnos en un nodo tecnológico del Caribe.

Otro elemento inesperado, pero políticamente significativo, fue el énfasis en los valores compartidos. La embajadora habló de fe, símbolos cristianos y afinidad cultural. Aunque inusual en diplomacia, deja ver que Washington valora a la RD no solo como socio económico, sino como aliado cultural y político en un mundo donde las alianzas se definen también por afinidad civilizatoria.

Todo esto plantea la pregunta central: ¿qué debemos hacer como país? Necesitamos una política exterior guiada por intereses claros, no improvisaciones. Debemos modernizar la frontera, fortalecer la lucha contra el lavado con resultados reales, garantizar reglas del juego estables y acelerar nuestra integración a las cadenas de suministro estadounidenses. Y ejercer nuestra soberanía sin complejos, sabiendo que ellos respetan a los países que también se ponen primero.

Al final, la embajadora dejó una frase que resume esta etapa: “America First y Dominican Republic First pueden caminar juntos.” Si actuamos con visión de Estado, esta relación puede llevar al país a uno de los mayores saltos estratégicos de su historia. Si la dejamos pasar, será la historia la que pase factura.