OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- Como dominicano de la tercera edad, que ha sido testigo de las luces y sombras de nuestra historia reciente, me siento en el deber moral de expresar, con realismo y sin adornos, la situación del momento que vivimos. No me perdonaría callar, aunque mis palabras caigan en oídos indiferentes.
Hoy, la República Dominicana enfrenta nubes negras que amenazan con oscurecer nuestro porvenir:
•Una deuda externa en crecimiento histórico, sumada a la deuda interna del Banco Central, que acumula compromisos a una velocidad insostenible, sin la debida capitalización del Estado.
•Una economía frágil y vulnerable a la inestabilidad social, demasiado dependiente del turismo, con salarios bajos, tránsito caótico y un déficit eléctrico que erosiona las finanzas públicas.
•Una tasa de cambio en ascenso, a pesar de la experiencia de quienes dirigen la política monetari.
•Una sociedad golpeada por la delincuencia y la falta de oportunidades, donde uno de cada cinco dominicanos busca refugio en el exterior como exiliado económico.
•Un Estado hipertrofiado, con nómina improductiva, subsidios crecientes y pensiones insostenibles, que cada año genera presupuestos deficitarios para cubrir gasto corriente.
•Un Ministerio Público envuelto en acuerdos extrajudiciales que dejan mal sabor en la ciudadanía, debilitando la confianza en las instituciones.
•Una lucha política interna dentro del propio partido de gobierno, que amenaza la gobernabilidad, mientras el fantasma del caso haitiano desborda nuestra frontera y nos coloca en un escenario explosivo.
Señor Presidente, lo digo con respeto:
Hoy lo percibo como un vaquero con energía, intentando domar un potro salvaje que lo sacude con fuerza. El peligro es que se agoten sus energías sin darle los espuelazos necesarios para encaminarlo. Gobernar no es justificar, es actuar.
El país no necesita tantas ruedas de prensa ni explicaciones semanales: necesita dirección, firmeza y decisiones concretas. Usted fue elegido para gobernar, no para excusarse.
Le pido, con humildad pero con la urgencia que reclama la patria, que convoque desde ya a todos los sectores de la economía, que se sienten en el Palacio cada día, sin descanso, a buscar soluciones reales. El tiempo corre, y la historia no recordará los nombres de los ministros, sino el suyo.
República Dominicana no puede seguir navegando con un rumbo incierto. Los dominicanos merecemos un futuro donde nuestros hijos y nietos puedan vivir con dignidad en su propia tierra, sin tener que emigrar ni esperar milagros.
Este es un llamado a despertar como nación, a enfrentar la realidad con valentía y a tomar el toro por los cuernos. Porque cuando las cosas no van tan bien, lo único peor que puede pasar es no reconocerlo a tiempo.
