Se habla de unificar las elecciones para reducir el gasto. Sin embargo, esto podría constituir una consolidación de poder muy amplia y, por demás, dar demasiado poder a ciertos grupos políticos en el tiempo.
Tal vez, la sociedad dominicana podría explorar nuevamente la separación bi-anual de elecciones, es decir cada dos años, pero en esta ocasión separar las administrativas de las legislativas, de modo que abra un nuevo capítulo en nuestra democracia y, por supuesto, en la separación de poderes… Pero, ¿por qué necesitaríamos esto?
POR VARIAS RAZONES:
1) La unificación de todos los candidatos en una sola daría demasiado margen de construir fuerzas hegemónicas entre partido de gobierno y Estado, con poco balance entre poderes;
2) Si es complicado un comicio con tres boletas, ¿Nos imaginamos cinco en un mismo proceso electoral? Abrumador para el ciudadano;
3) Imagínemos la contaminación visual y el desarrollo de campañas simultáneas entre Alcaldes, Regidores, Diputados, Senadores y el Presidente;
4) El gasto será similar, porque serán los mismos segmentos. Solo hará del proceso más complejo e inclusive menos democrático. Por demás, habrá que reconfigurar los colegios electorales por el tiempo que se tomaría para el votante ejercer su derecho; dígase que esto ampliaría el gasto operativo de la junta. Estaríamos básicamente en lo mismo;
¿QUÉ SERÍA INTERESANTE?
Todo lo que sea representación en un comicio, por ejemplo; y todo lo que sea administrativo en otro comicio dos años posteriores. Dígase alcaldes y presidentes en unas elecciones, mientras los diputados, senadores y regidores en otra elección dos años después.
¿POR QUÉ?
Porque eso te permitiría una alternabilidad del poder, y además obligaría a los legisladores a que hagan campaña fuera de la persona que supervisan. Dígase, el diputado tendrá que hacer campaña separado del presidente; por tanto, la ola del voto por un partido no afectaría tanto el sistema democrático de representatividad.
Además, permite alternar el poder entre partes, manteniendo así la función separada que tienen las fuerzas del Estado y que la ciudadanía pueda evaluar propuestas en sus referidos contextos.
Luego de probar este nuevo modelo reciente, instaurado a partir del año 2010, no parece tan desatinado regresar al modelo bi-anual. El tiempo ha demostrado que hacerlas en el mismo año no «detiene la campaña», como se vendió la idea en el momento para que la opinión pública lo viera plausible.
No obstante, con el modelo bianual, segregamos más y descontaminamos un poco el qué hacer político.
