OPINIÓN, EURIC SANTI.- Si estás aquí, espero hayas leído la primera parte de este dobletazo de escritos, «el paraíso que damos por sentado… y estamos perdiendo», donde plasmo una introducción a nuestra realidad como país y cómo damos por sentado tantos recursos finitos que tenemos en la bella República Dominicana. Hoy, quiero ofrecerte una perspectiva más activa. Sí, una donde no solo te planteo un problema, sino que también te ofrezco las soluciones pertinentes para rescatar y proteger nuestro paraíso.
Empecemos desde el principio, como decía una reconocida figura: todos nuestros problemas como nación aterrizan en la política. Y no, no solo porque el politiquero acciona contrario a los intereses de la República Dominicana, sino también porque la política es el único instrumento capaz de frenar o impulsar cualquier situación en el país.
Sí, así como me lees. Pensaba igual que tú hace casi una década. Para mí, la política era de corruptos, mentirosos y falsos; personas sin escrúpulos. Pero resulta que eso no es la política; a esto le he denominado la politiquería. Pues la política no es comprar votos, vender posiciones a cambio de apoyo, recibir donaciones a cambio de contratos ni dejar de hacer las cosas porque a un amigo le conviene y «me apoyó en campaña»; eso es la politiquería. Las prácticas que constantemente vemos en diferentes partes de la vida nacional.
La política es todo lo contrario a la politiquería y es el instrumento que busca consenso para lograr los objetivos trazados que ella misma determina. Si, por más que no queramos admitirlo, está en todos los aspectos nuestra nación y sin ella es imposible mejorar todos los problemas y situaciones que tenemos desde hace décadas.
La política es la solución, no el problema
Como es costumbre, tomemos como ejemplo mi hermosa provincia, Puerto Plata. Justo en el fin de semana en que escribo este artículo, atraviesa lluvias e inundaciones como no tenía desde hace aproximadamente diez años. Dejando unas 30,000 personas desplazadas e infraestructuras totalmente destruidas.
La última vez que Puerto Plata, específicamente la zona de Montellano, vivió una inundación similar a la de este fin de semana fue en noviembre del año 2016, cuando miles de familias fueron no solo afectadas, sino también desplazadas de sus hogares. Sin embargo, para los fines de este artículo, quiero especificar el caso del río Camú.
Una de las consecuencias de la lluvia fue el colapso del puente sobre el río Camú, que conecta Montellano y San Felipe con las comunidades de Yásica hasta llegar a la provincia de Santiago de los Caballeros, específicamente ubicado en la carretera Turística Gregorio Luperón. El mismo colapsó por la crecida del río en la noche de este sábado 10 de abril.
¿Cuál es el punto? Que, por razones politiqueras, se permitió la extracción de material desde el río, ignorando todas las advertencias pertinentes varios meses antes. Veamos una de ellas.
Como podemos observar en esta publicación de Facebook, exactamente el día diez de febrero se advirtió que extraer material desde el río Camú podría provocar un afluente más agresivo con lluvias potenciales, tal como sucedió este fin de semana.
El punto es que la extracción del respectivo material fue una decisión política; de no existir el permiso, extraer dicho material habría sido ilegal y, por tanto, penalizado. Pero además, aun si se extrajera sin los permisos, es también por la política que las fuerzas del orden público —la Policía Nacional y el SENPA— no accionan. La sanción judicial es también una razón política a nivel de estructura de Estado, de presupuesto y de institucionalidad que podría ejecutarse. Por tanto, así como lees, la solución para nuestro paraíso es más política de lo que parece.
Los ciudadanos somos responsables… desde la política
Cuando era niño y adolescente era común escuchar la frase «esos políticos son ladrones, son malos. La gente seria no se mete en eso» o, en su defecto, «la política es para la gente que roba. Eso no es pa’ gente de trabajo»; estoy casi seguro de que frases similares has escuchado y continúas escuchando en el día de hoy. Ahí radica el principal problema de nuestros países en Latinoamérica: el rechazo a lo único que puede proteger, desarrollar y avanzar los países, la política.
Históricamente, las movilizaciones ciudadanas crean un matiz en los países, y la realidad es que surgen como una falla dentro del sistema político; una falla porque nacen a raíz de que, en algún punto, los políticos y funcionarios dejan de consensuar, escuchar y trabajar con los ciudadanos de su país. Se alejan de la realidad que viven los ciudadanos del accionar en el sistema político de las instituciones y sus representantes.


En el caso particular de República Dominicana, tras el asesinato de Trujillo, nuestro sistema político se ha visto más convulso de lo que pareciera. Si medimos el golpe de Estado a Juan Bosch, el Triunvirato, la segunda ocupación americana, los primeros doce años de Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Jorge Blanco, los siguientes diez años de Joaquín Balaguer, la crisis del año 1990, la reforma constitucional de 1992, el Pacto por la Democracia de 1994 y las elecciones de 1996 —donde inició una nueva época política en el país—, arrastramos vicios de forma y fondo que solo, cuando el ciudadano se involucra, son solucionables. Para muestra, un botón: desde el año 1996 al año 2026 hemos incrementado la cantidad de emigrantes de modo desproporcional.
Tomemos como ejemplo los dominicanos en Estados Unidos, para el año 2000 residían 543,800 dominicanos en Estados Unidos; para el año 2017 alcanzan la totalidad de 2,081,419 dominicanos, de los cuales el 53 % (1,119,530) eran no nativos y solo 961,889 son descendientes dominicanos, según datos de OBMICA. Se estima, según MIREX, que para el año 2026 la cifra de dominicanos en el extranjero superará los tres millones. Es una cifra alarmante cuándo vemos que esto se traduce a un ~21.4% de la población total (13,800,000). A ese ritmo, en los próximos 15 años se podría traducir a un 40%, considerando la baja tasa de natalidad que también aumenta.
¿Por qué esto es importante?
Porque, como bien afirmo en mi artículo anterior, nuestro paraíso cada día es más ocupado por extranjeros, quienes no solo invaden puestos de trabajo, sino que también venden propiedades a otros extranjeros. Por tanto, los ciudadanos somos responsables —desde la política— de cuidar nuestro paraíso, ya que, sin ella, nos asfixian los problemas y, como es costumbre, somos incentivados a retirarnos del país, dejando espacio a otros de otras nacionalidades que, desde ciertos aspectos, aceptan condiciones que un nacional no aceptaría.
Por más rechazo que exista hacia la política, solo desde ella se aprueban los presupuestos, se establecen las reglas a través de las leyes y el Congreso. Desde la política se arreglan las calles, se recoge la basura, se determina si un proyecto es viable o no para la comunidad y se decide cuánto se puede sembrar, construir y desarrollar conforme a ciertos parámetros. La política es la solución, no el problema.
Acciones políticas que necesitamos para cuidar el paraíso
Como bien he explicado en el primer artículo, el paraíso que damos por sentado cada día se pierde un poco más; por tanto, es imperante que tomemos las acciones pertinentes para cuidarlo, entre las que considero necesarias y promuevo desde Política Para Ciudadanos están:
- LIMITAR PROYECTOS TURÍSTICOS POR VEINTE AÑOS: Una industria que ocupará casi la totalidad de las costas dominicanas, que construye villas libres de impuestos para extranjeros, y que para el año 2000 empleaba 130,000 personas y para el 2026 emplea 600,000, no es una que necesite incentivos. Por demás, para el año 2000 reportaban ingresos anuales de US$ 2,350 millones y para el año 2026 reportan más de US$11,000 millones en cuanto a proyecciones; es cinco veces más de cuando se creó el incentivo. No necesita CEIZTUR ni tanta inversión pública, es y debe ser autosostenible. El Estado dominicano no necesita continuar endeudándose para beneficiar una industria multimillonaria.
- ELIMINAR BENEFICIOS TRIBUTARIOS AL SECTOR TURISMO: Los beneficios tributarios se crean con el interés de motivar la inversión en sectores específicos para su desarrollo; no tienen razón de ser cuando la industria no solo está desarrollada, sino que se expande descontroladamente por todo el país. Hoy en día, las empresas hoteleras dentro del régimen CONFOTUR no pagan Impuesto Sobre la Renta ni ITBIS, así como lo lees. Por tanto, la mejor forma de reducir el crecimiento desmedido es eliminando su incentivo, es decir que paguen impuestos como todo el mundo.
- HACER CUMPLIR LAS LEYES: Tener leyes no es suficiente; por ejemplo, la Ley 305-68 protege las costas dominicanas, al igual que la Ley 64-00 protege el medio ambiente nacional; sin embargo, las mismas no son aplicadas por el gobierno. Si no se cumple la ley, no hay orden.
- FORTALECER EL SENPA: El SENPA, o Servicio Nacional de Protección Ambiental, es el brazo protector de los recursos ambientales dominicanos; dotarlo de más presupuesto y personal es una necesidad. Al igual que fortalecer sus acciones a través de las Procuradurías de Medio Ambiente con la asistencia pertinente para ejecutar cualquier acción pública necesaria, así como también dotarlo con más tecnología y vigilancia satelital.
- DOTAR DE HERRAMIENTAS AL PODER JUDICIAL: No es posible hacer cumplir la ley cuando el poder del Estado encargado de velar por su cumplimiento no posee las herramientas, el presupuesto ni la accesibilidad para ejercerla. La República Dominicana necesita ampliar el acceso al sistema de justicia para que todos los ciudadanos tengan la capacidad de acceder a ella sin contratiempos, dentro de su entorno geográfico.
- REVISAR FIDEICOMISOS Y PROGRAMAS ACTUALES: Actualmente existen fideicomisos y programas alrededor del país con diferentes objetivos por separado. Es necesario cohesionar todos los programas y, a la vez, revisar, eliminar y eficientizar los recursos en ellos.
Todo lo anterior se puede lograr con una gestión gubernamental interesada en proteger la República Dominicana, más que en «inventarse nuevas cosas»; solo hace falta ejecutar lo que ya existe con propiedad y eficiencia.
Tenemos que participar en la política
Participar en la política no es solo ser militante de un partido y aspirar a un cargo electivo o, en su defecto, ser empleado del gobierno como funcionario público. Participar en la política incluye también estar al tanto de lo que sucede en tu ayuntamiento, incidir en las decisiones de tu comunidad y gestionar que el gobierno cumpla su rol dentro del barrio, ciudad o municipio donde vives.
Todavía tenemos viva la idea de que los gobernantes nos hacen un favor cuando cumplen con su rol en el Estado; por demás, que «molestamos» al decirle a un regidor, diputado o senador que nos represente ante una decisión en el pleno legislativo para la cual fue elegido, para votar por lo que a nosotros nos importa.
La política no es la mala; la politiquería lo es. Participar en ella no es convertirse en un corrupto sin vergüenza que no cumple con su rol. De hecho, mientras menos personas con vergüenza y que busquen cumplir su rol participen en ella, más corrupción y desorden tendremos como país.
No se trata de militar en un partido ni de unirse a un movimiento social. Se trata de participar activamente desde los estamentos del Estado dominicano, para que las cosas dejen de estar «como chivos sin ley» en el entorno en el que tenemos posibilidades de incidir. Empecemos con nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestros regidores, los diputados y senadores… después, veamos con el presidente. De lo micro a lo macro. De lo que tengo control hasta lo que aún no puedo.
Si queremos ver una República Dominicana mejor y donde sea posible vivir nuestra vejez con paz, armonía y seguridad, los ciudadanos tenemos que participar, porque solo así —de manera democrática— seremos capaces de proteger nuestro paraíso, que damos por sentado y estamos perdiendo.
