OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia. – Cuando leo hoy en la prensa dominicana el comunicado oficial de Estados Unidos pidiendo a sus ciudadanos “salir de Haití lo antes posible”, no puedo más que preguntarme: ¿en qué momento se instaló esta apatía internacional ante los destinos de nuestros pueblos?
Vengo de una generación en que las grandes potencias y los organismos internacionales intervenían, por lo menos con el argumento de la defensa de los derechos humanos o la paz continental. Hoy solo observo indiferencia, irresponsabilidad y un deterioro alarmante del marco de respeto a los derechos fundamentales en nuestro vecindario.
Después de décadas de construir una arquitectura global — la ONU, la OEA, organismos multilaterales — que debía velar por la estabilidad y los derechos humanos, hoy vemos que esta burocracia mundial y regional se ha tornado impotente frente al drama haitiano. Es difícil de entender cómo hemos llegado a este punto.
Escribo sobre el tema porque como dominicano nos afecta directamente: Haití, sumido en una descomposición institucional y social sin precedentes, nos desborda con una migración ilegal que presiona nuestras escuelas, hospitales y servicios de salud — con el fenómeno creciente de parturientas haitianas cruzando la frontera en masa — y desplaza mano de obra dominicana en sectores sensibles de la economía.
Lo más grave es que la comunidad internacional ha preferido ignorar esta situación que se agrava cada día. Es vergonzante la pasividad de actores que deberían ser los primeros en ofrecer soluciones concretas. Mientras tanto, nuestro presidente y nuestro canciller levantan la voz ante los foros internacionales, como si lanzaran piedras a la luna: claman por soluciones, por cooperación, por responsabilidad compartida… sin respuesta.
¿Dónde queda entonces el rol de la OEA? ¿Dónde están las funciones básicas de la ONU? ¿Qué futuro tienen estos organismos si son incapaces de enfrentar esta tragedia humana, que ya desborda nuestras fronteras?
Como dominicanos debemos “ponernos las pilas”, porque el camino que llevamos no augura nada bueno. No podemos seguir enfrentando solos esta crisis ni resignarnos a la indiferencia de quienes tienen una cuota ineludible de responsabilidad en el drama que vive Haití y que impacta de lleno en la República Dominicana.
