OPINIÓN, ANDRÉS A AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- En la República Dominicana, las redes sociales se han convertido en un termómetro social más preciso de lo que muchos creen. Cuando se observa con atención la conversación digital —sin prejuicios ni consignas— el mensaje es claro: el alto costo de la vida y la inseguridad están afectando directamente la economía familiar y el ánimo del mercado.
No es una percepción aislada ni un discurso político. Es una realidad que se refleja en el comportamiento del consumidor. Las familias gastan con más cautela, priorizan lo básico y posponen decisiones importantes. El mercado responde como siempre: menos consumo, más prudencia, más incertidumbre.
El costo de la vida ha crecido más rápido que los ingresos, y eso erosiona silenciosamente el poder adquisitivo. A esto se suma la percepción de inseguridad, que condiciona hábitos, horarios y decisiones económicas. Para pequeños comerciantes y emprendedores, esta combinación es especialmente dura: suben los costos, baja la confianza y se reduce el margen de maniobra para las PYMES.
El mercado no habla con consignas, habla con hechos. Y hoy está enviando una señal inequívoca: sin estabilidad en los hogares y sin una mínima sensación de orden y seguridad, no hay crecimiento sostenible.
El problema no es reconocer esta realidad; el verdadero riesgo está en la polarización. Convertir estas preocupaciones en trincheras políticas solo profundiza la frustración. Lo que la ciudadanía —y el mercado— parecen reclamar es algo más básico y urgente: consenso.
Consenso para aliviar la presión sobre el costo de la vida.
Consenso para discutir salarios, productividad y empleo sin dogmas.
Consenso para apoyar de verdad a las PYMES.
Consenso para una estrategia de seguridad integral, preventiva y efectiva.
La República Dominicana ha sabido ponerse de acuerdo en momentos difíciles. Hoy, la calle, las redes y el mercado están alineados en el diagnóstico. Falta dar el paso más importante: escuchar, concertar y actuar.
No se trata de ganar debates ni de imponer narrativas. Se trata de recuperar confianza. Y sin confianza, ningún mercado —por fuerte que parezca— puede sostenerse en el tiempo.
