OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- El mercado cambiario dominicano atraviesa días de nerviosismo. El dólar, que durante meses se había mantenido estable, ha mostrado repuntes que preocupan a empresarios, consumidores y al propio Banco Central de la República Dominicana (BCRD). Las causas son diversas, tanto internas como externas, y esta semana la institución monetaria prepara medidas puntuales para devolver la calma. En primer lugar, la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos ha fortalecido al dólar, encareciendo el acceso a financiamiento externo y provocando que capitales privados migren hacia bonos y depósitos norteamericanos. A ello se suma la incertidumbre sobre las reservas internacionales y la percepción de que podrían estar utilizándose con cautela.

Aunque ascienden a casi US$13,900 millones —un nivel sólido—, el solo rumor de debilidad ha empujado a muchos agentes económicos a buscar dólares como refugio. Un tercer elemento es la fuga parcial de capitales de inversionistas locales que prefieren dolarizar sus recursos en el exterior, tentados por mayores tasas de interés. Todo esto ocurre en medio de una economía que muestra signos de crecimiento más débil, lo cual genera dudas sobre la capacidad de generar divisas frescas al ritmo necesario. El resultado ha sido un movimiento en el tipo de cambio que oscila entre RD$63.00 y RD$63.50, con jornadas en las que la demanda supera con creces la oferta.

Ante este escenario, el BCRD ha convocado reuniones con el Ministerio de Hacienda, la Superintendencia de Bancos y la banca privada, para coordinar una respuesta integral. Entre las acciones a implementar esta semana se destacan las intervenciones cambiarias selectivas utilizando reservas internacionales para frenar movimientos abruptos, la definición de una zona de estabilidad en torno a RD$62–RD$63 por dólar como referencia para orientar el mercado, la coordinación de liquidez con Hacienda para asegurar que los flujos de pesos y dólares en la economía no agraven la presión, y el diálogo con el sector privado para limitar operaciones especulativas y reforzar la confianza en la capacidad de respuesta del sistema financiero.

La volatilidad del dólar no es un problema exclusivo de República Dominicana, pero sí golpea directamente a los hogares y a las empresas: encarece las importaciones, presiona los precios y alimenta la percepción de inestabilidad. Por eso, las medidas de esta semana serán una prueba de fuego para el Banco Central. Si logran calmar el mercado, el peso recuperará parte de la confianza perdida. De lo contrario, podría abrirse un ciclo de depreciación más fuerte, con efectos en inflación y en la economía real. El reto es grande, pero los recursos y la institucionalidad existen. El país espera que la respuesta sea rápida, firme y suficiente para evitar que el nerviosismo se convierta en crisis.