OPINIÓN, LUIYI PERALTA.- Hay recuerdos que se vuelven parte del alma de una ciudad. Un día como hoy, Puerto Plata piensa de manera especial en aquellos jóvenes que partieron antes de tiempo, en una noche que quedó grabada no por los detalles, sino por el impacto humano que dejó.

Era una noche lluviosa, de esas en que el malecón adquiere un ambiente distinto. El sonido del mar, el brillo del asfalto mojado y la calma del entorno fueron testigos de una historia que, con los años, la gente ha preferido recordar desde el corazón y no desde los hechos.

Con el paso del tiempo, los puertoplateños dejaron de hablar del suceso en sí. Se entendió que lo verdaderamente importante eran las vidas que se apagaron ese día: jóvenes con nombres, con historias, con vínculos afectivos que todavía hoy permanecen vivos en quienes los conocieron. Lo que se conserva no es un accidente, sino la memoria de seres humanos que dejaron huellas sinceras y significativas.

Cada vez que esta fecha vuelve, no se revive el dolor; se evoca el recuerdo. Se habla de quienes fueron, de lo que significaron para sus círculos, de cómo marcaron la vida de otros, aunque su tiempo aquí haya sido corto.

El malecón sigue siendo el mismo escenario de siempre: el mar golpeando suave, el viento moviendo las palmas, la ciudad respirando serenamente. Pero para muchos, existe un punto simbólico donde surge una reflexión, una pausa breve, una especie de homenaje silencioso.

La enseñanza que quedó es simple y profunda: la vida es delicada; los afectos, valiosos; los recuerdos, un refugio.

Nada más importa

Un día como hoy, Puerto Plata no habla de tragedias.
Habla de memoria. Habla de cariño. Habla de respeto.

Porque cuando alguien se va, la forma más noble de recordarlo es desde la dignidad y la luz que dejó en quienes lo conocieron.

Hoy, 26 de noviembre de 2025, se cumplen 14 años del fallecimiento de José Carlos González Imbert, Freddy Cabrera y Franklin Marmolejos. Que sus familias sientan en este escrito un abrazo respetuoso, cálido y hermoso, y que encuentren en estas líneas un motivo más para sentirse agradecidos por la memoria viva que aún los acompaña.

¡En paz descansen!