OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- Hay instituciones que crecen, otras que prosperan y algunas que logran algo mucho más difícil: trascender a sus fundadores y convertirse en parte de la historia económica de una nación. El Banco Popular Dominicano es, sin duda, una de ellas.
Cuando regresé de mis estudios universitarios a principios de los años setenta y me incorporé a la banca, el sistema financiero dominicano estaba dominado por instituciones extranjeras. Competir con aquellos gigantes parecía una tarea titánica.
Fue entonces cuando conocí a don Alejandro E. Grullón Espaillat, un hombre visionario y perseverante que, junto a Pedro Antonio Rodríguez y otros destacados colaboradores, luchaba por consolidar una institución bancaria de capital dominicano. Aquella batalla no era solamente comercial: era una apuesta por la capacidad de los dominicanos de construir y administrar sus propias instituciones financieras.
Tuve el privilegio de presenciar su crecimiento y, posteriormente, la transición de Pedro Antonio Rodríguez a Manuel A. Grullón, hijo del fundador. Fue una etapa decisiva que demostró que el Popular había comenzado a desarrollar algo indispensable para su permanencia: una cultura institucional capaz de sobrevivir al relevo de sus dirigentes.
Manuel Alejandro no solamente continuó la obra de su padre, sino que contribuyó a transformar aquella institución en un moderno grupo financiero. Más adelante, con Christopher Paniagua al frente de la gestión ejecutiva del banco, se fortaleció la separación entre la administración profesional y la conducción estratégica del Grupo Popular.
Hoy presenciamos otro capítulo histórico: Manuel Grullón Hernández, tercera generación de la familia fundadora, asume la presidencia del Consejo de Administración del Grupo Popular, mientras su padre pasa a ocupar la presidencia ad vitam.
Esta transición merece una reflexión especial
En nuestro país hemos visto grandes empresas familiares debilitarse por la falta de planificación sucesoral, por conflictos entre herederos o por confundir el patrimonio familiar con la administración empresarial.
El Popular nos presenta un ejemplo diferente: la importancia de preparar las sucesiones, profesionalizar la gerencia, fortalecer el gobierno corporativo y comprender que las instituciones deben ser más grandes que quienes las dirigen.
Como antiguo banquero, que conoció al Popular cuando luchaba por abrirse espacio frente a la banca extranjera, me produce una profunda satisfacción contemplarlo hoy como líder de la banca privada dominicana.
Y pienso en don Alejandro Grullón. ¡Qué satisfacción habría sentido al ver que aquella semilla sembrada en 1964 se ha convertido en una de las grandes instituciones financieras de nuestra nación!
Mis felicitaciones a Manuel Alejandro Grullón por su trayectoria y su legado; a Manuel Grullón Hernández por sus nuevas responsabilidades; a Christopher Paniagua y a todos los ejecutivos, funcionarios y colaboradores que han contribuido a esta extraordinaria historia empresarial.
Les deseo que continúen cosechando éxitos, manteniendo la prudencia bancaria, la responsabilidad corporativa y, sobre todo, la confianza de los dominicanos.
Porque el verdadero legado de un banquero no es solamente el banco que construye, sino la institución sólida que deja preparada para las generaciones futuras.
Ese es, a mi juicio, uno de los grandes ejemplos que nos ofrece el Banco Popular Dominicano.
