Dedicado a Maritza Aldana Fontana fundadora del Colegio Intellego en Guatemala.
OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁREZ para 7 Segundos Multimedia en RD.- En la vida hay historias que merecen ser contadas porque inspiran, porque enseñan, porque se convierten en ejemplo de fortaleza. Una mujer, en medio de la viudez y con tres hijos adolescentes bajo su cuidado, supo transformar el dolor en una fuente de vida y esperanza. Lo que para muchos pudo haber sido el final, para ella fue el comienzo.
De una finca heredada nació un sueño. Allí levantó un colegio que con los años se ha convertido en referente de calidad educativa, innovación y compromiso con la formación integral de sus estudiantes. No lo hizo desde la abundancia, sino desde la determinación y el amor profundo por su familia. Cada aula, cada proyecto y cada logro del colegio son testigos de su visión y de su persistencia.
Pero quizás lo más admirable no es la institución que fundó, sino el ejemplo que dejó en su hogar. Sus hijos crecieron viendo cómo el coraje podía más que la tristeza, cómo la disciplina abría caminos donde parecía no haber salida, y cómo la educación se convertía en un refugio y un motor de futuro. Esa misma energía, esa misma fuerza, hoy la llevan ellos y también sus nietos, multiplicando el legado que ella sembró.
La historia de esta familia demuestra que la adversidad puede convertirse en grandeza cuando se enfrenta con valentía. Y por eso, este reconocimiento no es solo a una mujer que levantó un colegio en tiempos difíciles, sino a todo un testimonio de amor, emprendimiento y resiliencia. Porque hay vidas que honran, y hay luchas que merecen gratitud eterna.
