OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.– Creo que en RD estamos buscando la fiebre en la sábana.

Hace más de un siglo llegaron inmigrantes sirios, libaneses y palestinos procedentes del Imperio otomano, a quienes aquí llamamos popularmente “turcos”. Entraron al comercio, introdujeron nuevas formas de vender, encontraron resistencia y terminaron integrándose plenamente a nuestra economía y sociedad.

Hoy, salvando las enormes diferencias históricas, algo vuelve a sacudir al comercio tradicional: la expansión de las tiendas de capital chino.

Y los números dicen que el fenómeno es real.

La DGII registra 2,070 empresas de capital chino entre 2016 y 2026, de las cuales unas 1,300 permanecen activas.

En un levantamiento reciente de la Duarte, Mella y José Martí, Diario Libre encontró 82 establecimientos chinos frente a 151 dominicanos, dentro de una muestra de 247 negocios. En la Duarte, específicamente entre México y 27 de Febrero, contabilizó 49 chinos frente a 25 dominicanos.

Pero aquí viene la pregunta incómoda:

¿Y si el verdadero problema no son los chinos, sino nuestra competitividad?

Que la DGII fiscalice.
Que Aduanas revise.
Que Trabajo, TSS y Migración hagan cumplir la ley.
Que Vivienda y los ayuntamientos verifiquen seguridad y permisos.

La misma vara para todos.

Y donde exista evasión, subvaluación, informalidad laboral o cualquier ventaja ilegal, que se sancione.

Pero después de hacer todo eso viene la pregunta decisiva:

¿Y si cumplen?

Entonces tendremos que mirar hacia otro lado: escala, productividad, logística, rotación de inventarios, acceso directo a proveedores y márgenes.

Durante años nosotros mismos importamos productos chinos, agregamos intermediación y los vendimos con nuestros márgenes. Ahora aparecen comerciantes que, en muchos casos, manejan grandes volúmenes y estructuras de costos capaces de vender más barato.

Eso no necesariamente es una invasión.

Eso también es competencia.

Y hay otro dato que debería despertarnos: entre enero y julio de 2026, RD importó desde China US$3,384.3 millones y apenas exportó hacia ese mercado US$249.2 millones. Casi US$14 importados por cada dólar exportado.

China es ya nuestro segundo proveedor de mercancías.

Por eso el debate no puede limitarse a cuántas tiendas chinas abren.

El verdadero debate es:

¿qué estamos haciendo nosotros para competir?

Porque fiscalizar es obligación del Estado. Pero ninguna inspección de la DGII aumenta por sí sola nuestra productividad.

No confundamos competencia desleal con competencia eficiente.

Si hay ilegalidad, que caiga todo el peso de la ley.

Pero si después de aplicar exactamente las mismas reglas ellos pueden vender más barato, comprar mejor y rotar más mercancía, entonces el problema está en otro sitio.

Quizás China no creó nuestras debilidades competitivas.

Quizás simplemente nos las está poniendo frente al espejo.

Y ese espejo puede resultar mucho más incómodo que cualquier megatienda.