Opinión, Chesare Cabrera PARA 7 SEGUNDOS.- En los últimos días, la gestión de la movilidad masiva en el país ha estado bajo la mirada de técnicos, políticos y ciudadanos por igual. Tras el apagón nacional que dejó al país sin energía durante varias horas, el Metro de Santo Domingo también sufrió interrupciones.
En respuesta, el presidente Luis Abinader decidió destituir al ingeniero Rafael Santos, quien dirigió la institución durante cinco largos años, y nombrar a Jhael Isa al frente de la OPRET. Isa, además, continúa como director ejecutivo del Fideicomiso para el Desarrollo del Sistema de Transporte Masivo (FITRAM), lo que refuerza aún más su control sobre el sector.
Fue el propio presidente quien optó por centralizar todas las responsabilidades de la red de movilidad en Isa, dejando en sus manos el diseño, construcción, supervisión y operación de los principales proyectos.
Cuando todo el poder se concentra en una sola oficina, surge inevitablemente la pregunta que pocos se atreven a decir en voz alta: si quien ejecuta también supervisa, ¿Quién audita a quién?, ¿Quién pone límites al que manda? En palabras llanas: ¿Quién vigila al vigilante?
No hablamos solo de acelerar procesos, sino de que el mismo organismo tenga el poder de decidir y evaluar sus propios resultados.
Los antecedentes generan inquietud. El Monorriel de Santiago ya cuesta más del doble de lo que se había prometido. La Línea 2C del Metro muestra fallas visibles antes de siquiera inaugurarse. Los teleféricos de Santiago y Los Alcarrizos siguen casi vacíos, y aun así insisten en copiar el mismo modelo. Y para colmo, en Santo Domingo quieren poner un monorriel cuando todos los estudios técnicos decían que lo adecuado era un Metro.
No se trata de frenar obras ni de ir en contra de la rapidez, sino de asegurarnos de que alguien pueda poner un freno cuando algo va mal. Que todo el poder se concentre en una sola oficina puede hacer que los trámites sean más rápidos, sí, pero también abre la puerta a errores, excesos y decisiones que quizas nadie vaya a cuestionar.
Acelerar los procesos está bien, pero dar todo el control a una sola persona, por muy capaz que sea, siempre necesita un ojo atento que vigile cada paso.
Hay que saber quién va a revisar los trabajos realizados por Isa que ahora tiene bajo su responsabilidad toda la red de movilidad. No estamos hablando solo de dinero; está en juego la seguridad de los pasajeros, la confianza de la gente y la transparencia de los proyectos.
La movilidad no puede ser un terreno donde todo quede en manos de uno solo: la supervisión es tan importante como la ejecución.
