OPINIÓN, ANDRÉZ A. AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS. – El incendio ocurrido hoy en las instalaciones del hotel Viva Dominicus, en Bayahíbe, representa un duro golpe no solo para sus propietarios, administradores y empleados, sino también para toda una zona que ha construido, con esfuerzo y visión, uno de los destinos turísticos más emblemáticos de la República Dominicana.
Bayahíbe no es simplemente un punto en el mapa. Es una comunidad turística viva, una puerta al Caribe dominicano, un símbolo de trabajo, inversión, empleo y esperanza. Por eso, cuando una tragedia material de esta magnitud afecta a un proyecto como Viva Dominicus, el impacto trasciende las paredes del hotel: toca a suplidores, taxistas, artesanos, empleados, familias, comercios y a toda la cadena económica que depende del turismo.
Las cosas de la vida no están escritas. Después de tantos años de desarrollo, promoción y apoyo al turismo de la zona, ver imágenes de fuego y destrucción causa tristeza profunda. Pero también debe despertar solidaridad, unidad y sentido de responsabilidad nacional.
Hoy corresponde unirnos a los dueños, inversionistas, administradores y empleados de Viva Dominicus. En momentos como este, lo importante no es buscar culpables sin investigación, sino acompañar, apoyar y facilitar una recuperación rápida, organizada y transparente. Las autoridades competentes deberán determinar las causas del siniestro, pero la prioridad inmediata debe ser proteger vidas, atender a los afectados y preparar el camino para la reconstrucción.
Este proyecto necesita ahora el respaldo de todos: compañías de seguros, bancos, Gobierno, Ministerio de Turismo, autoridades locales, suplidores y la comunidad nacional. Cuando un hotel de esta importancia sufre una tragedia, no se afecta una empresa aislada; se afecta una fuente de empleo, un destino turístico y una parte importante de la imagen del país.
Los designios de Dios muchas veces no se entienden. Hay momentos en que la vida nos coloca frente a pruebas dolorosas, inesperadas y difíciles de explicar. Pero también es cierto que, dentro de las grandes pérdidas materiales, pueden surgir nuevas oportunidades de unión, reconstrucción y fortalecimiento.
Estoy seguro de que el grupo de dueños, inversionistas, empleados y funcionarios vinculados a este proyecto trabajará con determinación hasta lograr su recuperación. Viva Dominicus ha sido parte importante del desarrollo turístico de Bayahíbe, y con el apoyo correcto podrá levantarse nuevamente.
Al resto del país nos toca acompañar. No con palabras vacías, sino con solidaridad real. Bayahíbe merece seguir brillando. Sus trabajadores merecen estabilidad. Sus inversionistas merecen respaldo. Sus visitantes merecen confianza. Y la República Dominicana debe demostrar que, ante una tragedia de esta naturaleza, sabe responder con unidad, eficiencia y esperanza.
Que esta pérdida material, por dura que sea, no sea el final de una historia, sino el inicio de una nueva etapa de reconstrucción. Que Viva Dominicus pueda reabrir sus puertas lo antes posible. Y que Bayahíbe, con el apoyo de todos, siga siendo orgullo del turismo dominicano.
