OPINIÓN, ANDRÉS AUBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- Confieso que me cansé.
Me cansé de abrir el celular y que lo primero que me reciba sea otra explosión, otro misil, otro análisis de expertos que no pueden explicar lo inexplicable: cómo el ser humano insiste en destruir lo que le tomó siglos construir.
La guerra de Irán, las tensiones en el Medio Oriente, el desfile interminable de malas noticias… todo eso termina pesando. Y peor aún, termina robándonos algo que sí es nuestro: la paz interior.
Así que tomé una decisión radical —casi subversiva en estos tiempos—: apagar la guerra.
No, no fui a negociar a Ginebra ni llamé a Washington. Hice algo más efectivo: cambié de canal… y de enfoque.
Y fue entonces cuando empecé a notar lo que sí funciona.
Que en nuestro patio —la República Dominicana— no están cayendo bombas.
Que mientras otros destruyen plantas eléctricas, aquí se están inaugurando, incluso en alianza con el sector privado, en lugares como Manzanillo.
Que en vez de sirenas de guerra, lo que tenemos son tapones… molestosos, sí, pero infinitamente preferibles.
Que el presidente está lidiando con un “tollo” internacional complicado, pero con intención de estabilizar, no de incendiar.
Que nuestras familias están comprando para irse a la playa, no para huir de sus casas.
Y en medio de esa búsqueda de buenas noticias, me encontré con una joya:
Saona y Bahía de las Águilas fueron reconocidas como varias de las playas más bellas del mundo por Travel + Leisure.
Mientras el mundo arde… nosotros tenemos esto.
Y no es poca cosa.
También vi algo que me sacó una sonrisa: en mi chat de golf, todos mis amigos están en salud, organizando rondas como si el mayor conflicto geopolítico fuera quién paga la cerveza del hoyo 19.
Y pensé: esa es la verdadera diplomacia dominicana.
Vi una embajadora de Estados Unidos tomándose una cerveza en un colmado.
No con escoltas ni discursos… sino con sencillez.
Eso no pasa en zonas de guerra. Eso pasa donde hay convivencia.
Vi incluso propuestas de inversión para usar nuestro territorio en proyectos aeroespaciales.
Mientras unos lanzan misiles para destruir, otros quieren lanzar cohetes para construir futuro.
Y entonces entendí algo importante:
nosotros no estamos en guerra… pero sí podemos vivir en guerra mental si no tenemos cuidado.
Porque hoy la guerra no solo se pelea con armas, sino con atención.
Y cada vez que dejamos que el caos del mundo nos consuma, perdemos un pedacito de la tranquilidad que sí tenemos.
Claro que tenemos problemas.
Pero, seamos sinceros: son problemas de país en paz.
Y eso, en el contexto global actual, es casi un lujo.
