Detrás del millonario relato de los subsidios y el «sacrificio» estatal, se esconde un mecanismo diseñado para que la soga rompa siempre por el lado del consumidor dominicano.
OPINIÓN, ANDILIS ALMONTE.- Desde el año 2021 para acá, el Gobierno dominicano se ha gastado la astronómica cifra de más de RD$84,904 millones de pesos con un argumento muy noble en el papel: «aguantar el golpe» de los precios internacionales del petróleo para que la gasolina no nos arrancara la cabeza aquí. En la televisión y en las ruedas de prensa lo pintan como un regalo divino para cuidar tu bolsillo, frenar los aumentos del concho y evitar que la comida se ponga por las nubes. Pero, bajando la retórica a la realidad, la pregunta del millón sigue en el aire: ¿a quién es que beneficia este negocio verdaderamente?
Para hablar las cosas claro y sin rodeos: que el Gobierno «subsidie» no significa que la gasolina vaya a estar barata. El truco del mecanismo funciona de una forma muy particular. Cuando el petróleo se dispara en la bolsa de Nueva York, el Estado pone un dinero para frenar el impacto inmediato en el mercado local. Así, en vez de cobrarte lo que realmente cuesta según la fórmula, te lo dejan un «chin» más barato de lo que debería estar. Sin embargo, el golpe te lo dan igual por otra vía. No existe ningún “gobierno sacrificado” en esta ecuación; el único que termina sacrificado eres tú, chivito.
La magnitud de los recursos que se han evaporado en este juego financiero resulta, cuando menos, preocupante. Según el desglose oficial por año que nos proporcionó la Oficina de Acceso a la Información (OAI), el flujo de papeletas está distribuido de la siguiente manera:
- 2021: Se fueron RD$12,644 millones.
- 2022: Con el lío de la guerra de Rusia y Ucrania, la cosa se complicó y soltaron RD$33,975 millones.
- 2023: El agua bajó un poco y gastaron RD$7,506 millones.
- 2024: Volvió a subir a RD$16,690 millones.
- 2025: Se gastaron RD$9,421 millones.
- 2026 (lo que va de año): Ya van por RD$4,666 millones.
Balance Total: Más de 84 mil millones de pesos quemados en amortiguar las bombas de combustible.
Tabla Comparativa: Petróleo vs. Precios en la Bomba
Período Barril WTI (Promedio) Gasolina Premium (Local) Gasolina Regular (Local) Gasoil Regular (Local) 2021 US$ 68.13 RD$ 230.00 – RD$ 270.00 RD$ 215.00 – RD$ 252.00 RD$ 170.00 – RD$ 212.00 2022 US$ 94.90 RD$ 293.60 RD$ 274.50 RD$ 221.60 2023 US$ 77.58 RD$ 293.10 – RD$ 290.10 RD$ 274.50 – RD$ 272.50 RD$ 221.60 – RD$ 220.60 2024 US$ 76.63 RD$ 290.10 RD$ 272.50 RD$ 221.60 2025 US$ 65.39 RD$ 290.10 RD$ 272.50 RD$ 221.60 2026 (Actual) US$ 101.00 – US$ 106.00 RD$ 331.10 RD$ 305.50 RD$ 257.80
Entre octubre y diciembre del año 2021, el precio del barril de petróleo cayó cerca de nueve dólares en el mercado internacional, pasando de US$83.54 a US$74.17. Lo lógico sería pensar que esa baja se reflejaría en las estaciones de combustible locales. Pero no fue exactamente así. Popularmente hablando las autoridades se hicieron el «chivo loco» y dejaron la Premium congelada en RD$272.80 por semanas. Y ahí nació una de las percepciones más persistentes entre los consumidores: cuando el petróleo sube, aquí parece sentirse rápido; cuando baja, el alivio no siempre llega con la misma velocidad. Lo que nos lleva a preguntarnos, ¿por qué?
Luego llegó 2022, el año del sobresalto global. Con la guerra entre Rusia y Ucrania disparando los mercados energéticos, el barril alcanzó promedios cercanos a US$94.90, llegando incluso a superar los US$120 en algunos momentos. Para evitar un impacto mayor en el bolsillo y posibles tensiones sociales, el Gobierno activó mecanismos de contención y destinó cerca de RD$33,975 millones en subsidios, manteniendo la gasolina premium en torno a los RD$293.60. Hasta ahí, el argumento oficial parecía claro: contener el golpe internacional.
Pero 2023 abrió otra conversación incómoda. El barril de petróleo descendió hasta rondar los US$77.58, una caída de aproximadamente 17 dólares respecto al año anterior. Sin embargo, en República Dominicana el alivio apenas se sintió: la gasolina premium bajó solo hasta RD$290.10 por galón (¡DOS PESOS!). El Gobierno retuvo el alivio internacional y se quedó con ese excedente para pagarle cuentas fiscales viejas a las empresas importadoras con tu propio dinero y así no afectar sus ingresos corrientes.
El gran truco pareció consolidarse entre 2024 y 2025. El barril de petróleo siguió bajando, pasando de US$76.63 a US$65.39. Sin embargo, mientras afuera el mercado daba cierto respiro, aquí en las bombas el precio permaneció congelado al centavo durante dos años: la gasolina Premium en RD$290.10, la Regular en RD$272.50 y el Gasoil en RD$221.60. Te vendieron el cuento de que congelar el precio era para «ayudarte», pero la cruda realidad es que te dejaron la gasolina cara a fuerzas.
El Estado continuó recaudando sus impuestos sobre combustibles y el sistema de distribución mantuvo estabilidad en sus ingresos. La lectura crítica de muchos consumidores es incómoda: mientras afuera el combustible se abarataba, aquí el alivio apenas se sintió, alimentando la percepción de que algunos actores del negocio terminaron mejor protegidos que el propio bolsillo de la gente.
Finalmente en lo que va del año 2026, el “ramalazo” internacional volvió a sentirse. Las tensiones en Oriente Medio empujaron el barril nuevamente por encima de los US$100, y esta vez el margen de maniobra pareció agotarse. La gasolina premium escaló hasta RD$331.10, la regular a RD$305.50 y el gasoil a RD$257.80.
A principios de marzo, previo a una nueva alza en los combustibles, el presidente Luis Abinader advirtió que “será necesario asumir ciertos sacrificios inevitables” en áreas como la electricidad, el transporte y los alimentos, aunque aseguró que “el Gobierno asumirá la mayor parte del esfuerzo”.
Pero aquí es donde hacemos una pausa y nos preguntamos: ¿de verdad quién está asumiendo el golpe?
El detalle es este: cuando dices “échame mil de Premium”, una parte importante de ese dinero ni siquiera es gasolina; son impuestos que el Estado cobra dentro de la estructura del precio.
Por eso mucha gente siente que el juego está inclinado: cuando el petróleo sube, el golpe llega rápido; cuando baja, el alivio parece coger tapón. Y tras años de precios congelados en niveles altos, la pregunta sigue viva: ¿se congeló el precio para ayudarte… o para cuadrar mejor las cuentas del sistema?
Ahora bien, ¿qué dicen los economistas sobre los subsidios?¿hay alternativa?
Los economistas Jorge Coronado y Tomás Lukin, en una reciente conversación con el periodista Roger Figueroa de Diario Libre, alertaron seriamente sobre el impacto fiscal y la tremenda injusticia de este esquema. Afirman detalladamente que los subsidios generales son regresivos: benefician más a los que más tienen.
Y aquí es donde la conversación se pone incómoda. Mientras el ciudadano común paga religiosamente impuestos incluidos en cada galón —como los establecidos bajo la Ley 112-00 sobre Hidrocarburos—, el país mantiene un amplio esquema de exoneraciones e incentivos fiscales que, según Coronado, equivalen a cerca del 4.6 % del PIB.
La crítica de fondo no es necesariamente que existan incentivos, sino a quiénes benefician y qué tan equilibrado está el sistema. Porque mientras el consumidor absorbe precios altos y subsidios que apenas contienen el golpe, sigue abierto el debate sobre si el país está dejando demasiado dinero sobre la mesa en privilegios fiscales para sectores específicos.
Lukin también introduce otro punto incómodo: la evasión tributaria. Basándose en estimaciones de la CEPAL, explicó que América Latina deja de recaudar alrededor del 6.7 % del PIB por evasión de impuestos como el ITBIS y el ISR. La pregunta entonces no es menor: ¿por qué el peso termina recayendo tan fácilmente sobre el consumidor mientras persisten amplios espacios de evasión y privilegios fiscales?
Como bien apunta Lukin, si el Estado persiguiera con garras a los verdaderos evasores fiscales y organizara el sistema tributario en vez de hacerse de la vista gorda, no tendría que recurrir al truco de congelar la gasolina a la baja para cuadrar sus cuentas.
En conclusión, el sistema que tenemos en la República Dominicana está perfectamente diseñado para que la soga rompa por lo más delgado: el consumidor. Los subsidios apenas contienen el empujón para evitar que el país explote socialmente, pero al final del día la realidad es innegable: tú sigues pagando un combustible carísimo en la bomba para que el Estado cuadre sus números y las empresas millonarias sigan ganando sin arriesgar jamás un solo chele.
