OPINIÓN, FÉLIX CORREA, PARA 7 SEGUNDOS.- El incendio ocurrido en un hotel de Bayahíbe ha vuelto a poner sobre la mesa un tema que solemos recordar únicamente cuando ocurre una tragedia: la prevención.
Los incendios no siempre comienzan por grandes fallas estructurales ni por complejas cadenas de errores. En muchas ocasiones nacen de pequeños actos de descuido que nadie corrigió a tiempo. De acciones aparentemente inofensivas que fueron ignoradas por quienes tenían la responsabilidad de supervisar.
Precisamente ayer, mientras celebrábamos el cumpleaños de nuestra hija en un establecimiento turístico, observé cómo una persona encendía una vela debajo de un kiosco con techo de cana.
La pregunta no es quién encendió la vela.
La pregunta es: ¿dónde estaba la advertencia?
¿Dónde estaba la supervisión?
¿Dónde estuvo el llamado de atención al momento de observar una acción que representaba un riesgo evidente?
La seguridad no puede descansar únicamente sobre el sentido común de los visitantes. Debe formar parte de una cultura organizacional que involucre a cada empleado, supervisor y gerente de una empresa.
Los protocolos de seguridad no se escriben para adornar manuales. Se crean para prevenir pérdidas humanas, daños materiales y consecuencias económicas que pueden comprometer la continuidad de cualquier negocio.
Cuando ocurre un incendio, generalmente hablamos de los daños visibles: estructuras afectadas, mobiliario destruido, interrupción de operaciones y pérdidas económicas. Sin embargo, existe otra dimensión del problema que muchas veces pasa desapercibida: la responsabilidad civil.
¿Qué habría ocurrido si huéspedes, empleados o visitantes hubiesen resultado lesionados?
¿Qué sucede cuando una persona pierde sus pertenencias?
¿Qué ocurre si un turista extranjero sufre daños físicos dentro de una instalación que debía garantizar condiciones mínimas de seguridad?
Ahí es donde entran en juego las coberturas de seguros y la verdadera dimensión de la protección empresarial.
Un hotel moderno no debería limitarse a contratar una póliza contra incendio. Necesita un programa integral de seguros que incluya protección para edificios, contenidos, equipos electrónicos, interrupción de negocios, responsabilidad civil general, responsabilidad patronal, accidentes para huéspedes y otras coberturas especializadas según su nivel de exposición.
No se trata solamente de proteger una inversión millonaria. Se trata de proteger vidas.
La industria turística es uno de los pilares fundamentales de la economía dominicana. Cada visitante que llega al país deposita su confianza en nuestras instalaciones, nuestros servicios y nuestros estándares de seguridad.
Por esa razón, resulta indispensable que las autoridades competentes refuercen los mecanismos de inspección y supervisión en hoteles, restaurantes, centros de recreación y establecimientos abiertos al público. La prevención no puede ser opcional.
La protección de los ciudadanos y de los turistas debe ser una prioridad nacional.
Las quemaduras de tercer grado dejan cicatrices profundas.
Lo mismo ocurre con los incendios provocados por la negligencia.
Las estructuras pueden reconstruirse. Los negocios pueden recuperarse. Las pérdidas económicas pueden cuantificarse.
Pero cuando la falta de prevención termina afectando vidas humanas, las cicatrices permanecen para siempre.
La seguridad no es un gasto.
Es una inversión que siempre cuesta menos que una tragedia.
