Docente de Derecho Internacional – UNICARIBE
OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia. – En tiempos de verdades a medias y silencios diplomáticos, Pedro Baños ha tenido el coraje de hacer lo que muchos piensan pero pocos se atreven: afirmar sin rodeos que Estados Unidos ha perdido poder e influencia en América Latina. Y no lo dice como un capricho ideológico, sino como el diagnóstico certero de un experto en geopolítica global. Con esta afirmación, Baños no solo revela una realidad evidente: descubre la pólvora en una región donde aún huele a pólvora ajena.
La entrevista publicada por el Listín Diario este 28 de junio es una descarga de verdades. En ella, Baños desmonta la idea del dominio incuestionable de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Argumenta, con datos y lógica, que el poder estadounidense se desvanece, desplazado por el avance estratégico de China, Rusia e India, y debilitado por la incapacidad de Washington para adaptarse a un mundo que ya no responde a una sola potencia.
Pero lo que hace que esta voz resuene no es solo el contenido, sino el coraje con que lo dice. Baños no se oculta detrás de eufemismos. Llama las cosas por su nombre: la era del unilateralismo terminó, y América Latina se está liberando de una tutela geopolítica que la mantuvo subordinada durante décadas.
Hoy, países de la región buscan acuerdos alternativos, desafían la dependencia del dólar, abren sus economías a nuevos socios y reivindican una agenda propia. Lo hacen por necesidad, pero también por dignidad. Y lo hacen porque el nuevo tablero internacional –multipolar, fragmentado y competitivo– ya no admite espectadores ni obedientes.
Mientras tanto, Estados Unidos, aferrado a su rol de hegemón del siglo XX, insiste en fórmulas agotadas: sanciones, presiones, discursos vacíos. El resultado es claro: pierde terreno, aliados y credibilidad.
Lo que Pedro Baños expresa no es una profecía ni una consigna política. Es una constatación valiente. Y lo dice con un tono que sacude: América Latina debe dejar de comportarse como víctima o rehén, y comenzar a actuar como actor estratégico de su propio destino.
Baños no inventó esta verdad, pero la dice cuando y como hay que decirla: sin miedo, sin tabú y con plena conciencia de su peso histórico. Por eso, más que un análisis, su declaración es una llamada de atención.
O América Latina se despierta, o seguirá lamentando oportunidades perdidas.
