OPINIÓN, JABES RAMÍREZ.- El modelo de la buena bonanza genero consigo una línea religiosa, un marco teórico y un mecanismo humano que funciona como una especie de mesías cuasi religioso llamado motivador, coach o influencer motivacional.
Emprendimiento y éxito son dos términos distintes, pero su impacto depende el uno del otro en el sentido moderno. El primero es conocido, aquel que trajo a la sociedad hacia el presente. Y el éxito es la materialización del primero, siempre dentro de marcos mentales rígidos, presentados de una forma pétrea. Convirtieron aspectos relativos es promesa de vida. Con un proceso metódico que ni siquiera distingue entre sociedades o estructuras sociales. Es simplemente un mensaje simple para narcotizar a quien no puede entender un problema desde lo complejo.
Primero, hicieron del emprendimiento no un proceso gradual de individuos con aspiraciones diversas, sino una religión. Le dieron a esa religión un proceso de salvación llamado éxito. Siempre con un mensaje de fondo que toma en cuenta las mismas cosas para distintas personas; vea aquí la metamorfosis a la religión. Ya creada la religión, faltaba la figura principal. Hacía falta un mesías que transporte el mensaje.
Ese mesías es el motivador, el coach de vida. Que amplifica la religión del emprendimiento materializando el mensaje de éxito. Fueron capaces de convertir el trabajo en un fracaso, porque su mensaje alude a la independencia económica, y a insultar de forma soterrada a los que hacen bonanzas con el sudor de su frente. El que usa el sudor de su frente entonces es el fracasado que carece de ser “su propio jefe”.
Eso, con un mensaje toxico que alimenta el cerebro de un sentimiento de positividad que ni siquiera converge con la realidad. No se complementa con la complejidad social. Ni siquiera existe como se plantea. Hicieron del fracaso la materia prima para inducirte a un mecanismo de vida que no se agota, persiguiendo algo que ni siquiera saben o pueden definir como tal. Es simplemente el vicio de perseguir algo que ni siquiera sabes lo que es, pero que aún así lo deseas.
Lo que desconoces es que tu alma soñada a alcanzar es un individuo que en la mayoría de los casos tiene una vida podrida. La motivación que lo impulsa es precisamente la podredumbre que lleva por dentro. Quien produce y quien consume son dos personas que simplemente se ven al espejo, podridos cada cual a su forma. La mayoría de quienes imparten recetas de vida no tienen vida para aplicar sus propias recetas. Esa es la parte de la conversación que molesta.
