OPINIÓN, FELIX CORREA, PARA 7 SEGUNDOS.– En medio del ruido que ha levantado el caso SENASA, hay algo que el país parece olvidar entre titulares escandalosos y debates estériles: la prisión preventiva no cura a nadie. Que el expediente avance, perfecto. Que haya consecuencias, necesario. Pero celebrar que alguien duerma en una celda no resuelve ni uno solo de los dramas que hoy viven miles de dominicanos atrapados en un sistema de salud que no alcanza.
La verdadera pregunta es: ¿qué hacemos con el dinero que se manejó de manera irregular? Porque la indignación es moral, pero la reparación debe ser práctica.
Mientras discutimos quién cae y quién no, afuera hay una fila interminable de historias que nadie quiere mirar: pacientes esperando cirugías retrasadas por falta de materiales, enfermos de cáncer rogando que no se suspenda su quimioterapia, personas fracturadas sin poder comprar los clavos que les devolverían la movilidad, diabéticos sin medicamentos, hipertensos resolviendo como pueden, ciudadanos angustiados esperando un cateterismo que no puede esperar más.
Ellos son, irónicamente, las víctimas silenciosas del mismo sistema que debía protegerlos.
Y aquí está la propuesta que debería encabezar cualquier discusión seria: todo peso desviado debe recuperarse y, sin dilación, dirigirse a los enfermos que hoy están pagando la factura del desorden.
No es un castigo. Es justicia.
No es populismo. Es decencia.
No es venganza. Es reparación.
Porque los que ya murieron esperando no pueden reclamar; los vivos sí. Y es a ellos a quienes debemos responderles.
Este país no necesita otro espectáculo de esposas y portadas. Necesita decisiones que devuelvan dignidad.
Si realmente queremos dar un ejemplo, que sea este: convertir el dinero perdido en alivio inmediato para quienes más lo necesitan.
Todo lo demás es teatro.
Lo que cura —y lo que dignifica— es la acción.
