Las celebraciones de Halloween enfrentan restricciones en varias localidades de Honduras, donde al menos seis municipalidades han adoptado medidas para impedir fiestas, desfiles y otras actividades relacionadas con esta festividad, bajo el argumento de que promueven prácticas vinculadas al ocultismo y contrarias a los valores morales.
Las disposiciones incluyen la negativa a conceder permisos para eventos temáticos y, en algunos municipios, restricciones a la promoción y comercialización de artículos alusivos a la Noche de Brujas. Las autoridades de San Juan, por ejemplo, anunciaron que no autorizarán actividades que, a su juicio, fomenten el terror o prácticas «diabólicas».
La controversia también llegó al Congreso Nacional hondureño, donde la diputada opositora Dunia Jiménez presentó un proyecto de ley para impedir que los centros educativos públicos y privados organicen actividades relacionadas con Halloween.
La iniciativa contempla prohibir concursos de disfraces, decoraciones, festivales y otras actividades recreativas vinculadas con la celebración en los planteles escolares. La legisladora argumentó que busca reforzar los valores éticos, espirituales y morales durante la formación de los estudiantes.
Entre las municipalidades que han anunciado restricciones figuran San Juan, La Libertad y Villa de San Antonio. En esta última localidad quedaron sin efecto permisos que habían sido concedidos para fiestas y carnavales relacionados con la fecha.
En La Libertad, además, las autoridades advirtieron que los establecimientos comerciales deberán abstenerse de promocionar o vender artículos alusivos a Halloween, bajo amenaza de sanciones económicas. Las medidas, sin embargo, varían según cada localidad y no representan una prohibición general para todo el territorio hondureño.
Las decisiones han generado cuestionamientos sobre la libertad de los ciudadanos para participar en celebraciones privadas. La historiadora y gestora cultural Naydeli Alvarado sostuvo que, aunque Halloween no forma parte de las tradiciones originarias de Honduras, sancionar a quienes lo celebran en privado supone una restricción a las libertades individuales y al carácter laico del Estado.
Aunque la festividad del 31 de octubre no tiene una tradición tan arraigada en Honduras como en otros países, su popularidad ha aumentado en los últimos años, especialmente entre los jóvenes.
