OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- Fui el último presidente activo de un banco comercial en ejercer la presidencia rotativa de la Asociación de Bancos Comerciales de la República Dominicana. Decir que ocurrió a finales del siglo pasado suena casi increíble, pero así fue. Me correspondió conducir la transición hacia un modelo de presidencia ejecutiva permanente, una decisión que respondía a la realidad de aquella época. Existían mayores rivalidades entre las instituciones y se entendía que una figura ejecutiva aportaría continuidad, neutralidad y eficiencia administrativa. Junto a los demás miembros de la Asociación participamos en la evaluación de diversos candidatos hasta seleccionar al primero que encabezaría esa nueva etapa institucional.
Ese modelo cumplió una función importante y contribuyó al fortalecimiento del gremio. Sin embargo, las instituciones también deben evolucionar. Hoy la banca dominicana es más sólida, más regulada, más integrada y enfrenta desafíos distintos: transformación digital, ciberseguridad, regulación internacional, innovación financiera y una relación cada vez más dinámica con las autoridades monetarias y regulatorias.
Por ello considero oportuno evaluar un modelo mixto: mantener un director ejecutivo de primer nivel que garantice la continuidad técnica y administrativa, pero restablecer una presidencia rotativa entre presidentes activos de bancos comerciales por períodos de dos años, con ratificación anual. Ningún ejecutivo, por competente que sea, puede sustituir la visión estratégica de quien dirige diariamente una institución financiera y conoce de primera mano los retos del sector.
Tuve también el honor de presidir la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana, donde este modelo ha demostrado ser exitoso: una presidencia empresarial que aporta liderazgo e interlocución, respaldada por una dirección ejecutiva profesional que garantiza la continuidad institucional. Ese equilibrio ha fortalecido su representatividad durante décadas.
No escribo estas líneas por nostalgia, sino porque viví aquella transición desde dentro y hoy observo la evolución del sistema financiero desde otra perspectiva. Presento esta reflexión con el mayor respeto hacia quienes han servido a la Asociación y hacia quienes tendrán la responsabilidad de conducirla en el futuro. Mi único propósito es aportar una idea para fortalecer una institución fundamental para la estabilidad financiera y el desarrollo económico de la República Dominicana.
Las instituciones más sólidas no son las que permanecen inalterables, sino las que saben adaptarse cuando la realidad cambia.
