
OPINIÓN, POR KARELYN SALVADOR.- China, con sus luces y su sombras resplandece en una área que pocos países del mundo saborean como tal; y es esa hambre por ir detrás del futuro, con el afán de estar preparados.
Entre 2021 y 2025, el Gobierno Chino eliminó o suspendió 12,200 programas universitarios y creó 10,200 nuevos. Y aunque suene improvisado, es un proceso de adaptación que responde al avance de la inteligencia artificial y a las necesidades de sus industrias como tal.
Estos datos inevitablemente nos conducen hacia nuestra realidad. Y cuando lo hacemos, encontramos señales que merecen nuestra atención como dominicanos.
Un estudio, del presente año, realizado por Supérate encontró que los programas y espacios de capacitación para trabajadores no están “suficientemente” alineados con las necesidades del mercado laboral. Es decir, tenemos clases, cursos y programas de formación, pero no estamos logrando que esa formación aterrice donde realmente se necesita.
Y el problema no termina en nuestras fronteras. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha señalado que América Latina necesita avanzar hacia modelos de formación más flexibles, que sean capaces de responder a los cambios tecnológicos y a las nuevas demandas del empleo.
Flexibilidad y actualización. Eso es lo que necesitamos.
Porque mientras las industrias agregan más y más tecnología, aparecen nuevos oficios y cambian las habilidades que necesitan las empresas, nuestros procesos educativos están tardando en reaccionar.
Entonces cabe preguntarse: ¿por qué debemos esperar años y atravesar procesos agotadores para agregar una línea en un pensum académico?
El mercado laboral no tiene el lujo de esperar a que termine el proceso.
Es ahí donde cobra sentido el concepto de las microcredenciales. Formas de capacitación más breves y específicas, orientadas a enseñar, en poco tiempo, lo que el mercado laboral demanda. Pueden ser agregados a los pensums académicos o presentarse de manera optativa para los estudiantes cada semestre. Un modelo que ha ganado espacio en Europa y se expande sigilosamente.
No se trata de correr detrás de China, se trata de reaccionar y cuestionarse cuántos años de luz estamos dispuestos a dejar pasar mientras jugamos con el presente, sin alzar la mirada hacia el futuro.
