OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- La República Dominicana enfrenta hoy un dilema estructural que limita su desarrollo: la generación, distribución y cobro efectivo de la energía eléctrica. Llevamos décadas operando un sistema que gasta más de lo que produce, subsidiando pérdidas y sosteniendo una maquinaria que drena recursos que ya no tenemos.

No se trata solo de cables, transformadores o medidores. El problema es de modelo y de voluntad. Hemos convertido el sistema eléctrico en un círculo vicioso de pérdidas, subsidios y deudas, donde nadie asume responsabilidades y todos pagan las consecuencias. El resultado es un país que avanza con un motor que chispea, mientras la factura social crece.

Pero ya tenemos un modelo que funciona, y está aquí mismo, en el Este del país. La gestión privada en esa región ha demostrado que cuando se cobra lo que se sirve y se administra con eficiencia, la luz no se va y la economía prospera. No hay excusas: el ejemplo está frente a nosotros.

Guyana lo entendió, y hoy está replicando modelos similares al nuestro —sí, al que nació en la República Dominicana— con apoyo de inversionistas privados y marcos regulatorios modernos. Mientras tanto, nosotros seguimos discutiendo si el cambio debe ser político o técnico, cuando debería ser simplemente lógico y progresivo.

No hablamos de privatizar de golpe, sino de concesionar por zonas, bajo reglas claras, plazos definidos y resultados medibles. Que cada región tenga su operador responsable y que el Estado conserve su papel de árbitro, garante y regulador. De esta forma, podríamos ir sustituyendo gradualmente el actual esquema de pérdidas por uno de eficiencia, inversión y modernización.

El país necesita voluntad política. La misma que en su momento permitió transformar la banca, las telecomunicaciones y los aeropuertos. No podemos seguir cargando con una estructura que nos cuesta miles de millones al año y nos mantiene en la penumbra del atraso.

La energía es el alma del desarrollo. Sin luz no hay educación, ni producción, ni salud. Es hora de encender el país con ideas nuevas, con modelos que funcionen, con responsabilidad compartida y resultados verificables.

Porque si hasta Guyana lo está haciendo, ¿por qué nosotros no?
El momento es ahora. Lo que no podemos hacer es quedarnos donde estamos.