Crónica de una búsqueda ancestral
OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia. – Al salir de Oporto, donde el Duero guarda ecos de comerciantes, navegantes y conversos, tomamos rumbo hacia el norte en un recorrido que, aunque moderno y guiado por GPS, sigue el trazo de antiguas rutas de escape y esperanza. En este día, el paisaje verde del norte de Portugal y de Galicia se convirtió en testigo silencioso de un tránsito más profundo: el de la identidad que resiste al olvido.
Nuestra primera parada fue Braga, donde el majestuoso Santuario del Bom Jesus do Monte, con su escalinata monumental y su calma elevada, parecía un portal entre el cielo y la tierra. Pero bajo la solemnidad del templo barroco, se intuye la historia de los que llegaron aquí escapando de los edictos inquisitoriales. La presencia sefardí en Braga no es explícita, pero se siente en la arquitectura, en los apellidos modificados, en la manera en que los rezos se adaptaron para sobrevivir en silencio. ¿Cuántos “López”, cuántos “Penha”, disimulados en devoción cristiana, encontraron en esta región una última posibilidad de paz?
Cruzamos la frontera hacia Galicia y llegamos a Vigo, ciudad de puerto y mestizaje. Aunque poco se habla de los sefardíes en Vigo, la tradición oral conserva relatos de familias que se asentaron en las Rías Baixas tras huir de la persecución. Algunos estudios apuntan a flujos judíos discretos que bordearon la costa atlántica desde el siglo XV, camuflados como comerciantes o navegantes. ¿Pudo algún ancestro de los López Penha haberse detenido aquí antes de cruzar a Portugal o buscar destino más seguro en América?
En Cambados, tierra de mariscos y albariño, la memoria parece flotar entre las piedras de granito y las aguas salobres. Los pazos antiguos, las plazas silenciosas y las calles empedradas evocan historias no contadas. Aquí almorzamos mejillones al vapor y brindamos con vino blanco por aquellos que, aunque perseguidos, supieron preservar su linaje, su fe y su dignidad. El apellido “Penha”, tan vinculado a formaciones rocosas, parece aquí adquirir un nuevo sentido: una roca firme que resistió a las mareas del exilio.
El trayecto culminó en Santiago de Compostela, destino de peregrinos, pero también lugar de paso para los que huían. La ciudad del Apóstol fue también testigo de sospechas, conversiones forzadas y vigilancia inquisitorial. No es casual que muchos conversos buscaran no la plaza, sino los márgenes, no los templos visibles, sino los rincones silenciosos para mantener viva su fe. Caminar por sus calles de piedra es recorrer la piel herida de una historia que aún susurra.
Este día, entre lo visible y lo invisible, fue un acto de recuperación: de nombres, de rutas, de vínculos posibles. La memoria de los López Penha, familia que hoy forma parte de nuestra historia dominicana, bien podría tener raíces en estos rincones de Galicia y el norte portugués. En cada parada, sentí que no solo viajábamos por geografías, sino por la geografía íntima de la identidad: aquella que se hereda, se silencia, y finalmente se honra.
