OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- El 12 de octubre sigue siendo una fecha que despierta emociones encontradas: para unos, es el descubrimiento de América; para otros, el encuentro de dos mundos. Pero más allá de las etiquetas, este día representa un punto de inflexión en la historia universal y, particularmente, en la identidad del pueblo dominicano, que nació del mestizaje de esas dos almas: la europea y la taína.

En el caso de la República Dominicana, este encuentro marcó el inicio de una transformación irreversible. En nuestras tierras se fundó la primera ciudad del Nuevo Mundo, Santo Domingo, cuna de instituciones, idioma, fe y cultura que luego se irradiaron hacia el continente. Aquí surgieron las primeras universidades, cabildos y hospitales del hemisferio occidental. La llegada de España trajo consigo una visión de civilización y orden, pero también impuso un modelo que desplazó a las culturas originarias y abrió la puerta a la dolorosa herida de la esclavitud africana.

Reconocer los aciertos y errores de la historia no debe dividirnos, sino unirnos en una reflexión madura. No fuimos simples receptores pasivos de la historia: fuimos el laboratorio del mestizaje cultural, el punto donde el idioma castellano se hizo caribe, donde la fe católica se mezcló con los tambores africanos, y donde el sentido de familia, honor y religiosidad se volvió parte de nuestra identidad colectiva.

Hoy, cuando hablamos del encuentro de dos mundos, debemos hacerlo sin resentimiento ni triunfalismo, sino con la madurez de quien sabe que su historia es compleja, pero también fecunda. España nos legó un idioma que une a más de 500 millones de personas; una cosmovisión jurídica, arquitectónica y espiritual que aún nos sostiene; y una cultura que, al cruzarse con la africana y la indígena, dio origen a lo que hoy somos: un pueblo alegre, resiliente y profundamente humano.

En tiempos donde los discursos polarizan, este día debe invitarnos a mirar hacia adelante con gratitud y propósito. Recordar no para condenar, sino para comprender. Celebrar no para idealizar, sino para aprender.
El 12 de octubre no es solo una fecha del pasado; es una oportunidad de reafirmar que la República Dominicana, heredera directa del primer encuentro entre Europa y América, tiene la responsabilidad histórica de ser puente entre culturas, ejemplo de convivencia, y testimonio de que del choque puede nacer la hermandad.

Honremos, pues, con respeto y conciencia, a la Madre España, a nuestros antepasados taínos y africanos, y a todas las generaciones que construyeron esta identidad mestiza que hoy defendemos con orgullo.