OPINIÓN, FÉLIX CORREA, PARA 7 SEGUNDOS.- El pasado sábado, en 60 Minutos de Seguros, tuvimos una conversación que considero de enorme importancia para quienes vivimos diariamente el problema de la seguridad vial.
Conversamos con Paola Andrea Ramírez y Carlos Andrés Valencia, de Prohumana Soluciones, sobre la experiencia de Colombia en materia de seguridad vial, la responsabilidad de las empresas y la necesidad de crear una verdadera cultura de prevención.
Y mientras escuchaba sus planteamientos, no podía dejar de pensar en nuestra realidad dominicana.
Porque aquí tenemos un enorme problema de seguridad vial, y quizás una de las preguntas que debemos hacernos es si estamos intentando comenzar por el lugar equivocado.
En Colombia han entendido que la seguridad vial no es solamente responsabilidad del conductor.
También es responsabilidad de la empresa.
Las organizaciones que tienen vehículos, contratan conductores, transportan empleados, mercancías o utilizan vehículos como parte de sus operaciones deben identificar sus riesgos, capacitar a sus trabajadores, establecer controles y hacer seguimiento.
El Plan Estratégico de Seguridad Vial, conocido como PESV, establece precisamente una metodología para que las organizaciones gestionen los riesgos asociados a la movilidad y a la seguridad vial.
Y aquí está, a mi juicio, una de las grandes lecciones que podemos sacar de Colombia.
Antes de pretender cambiar al individuo, tenemos que comenzar a organizar las organizaciones.
Una empresa que utiliza diez, cincuenta o cien vehículos no puede limitarse a entregar las llaves y esperar que cada conductor haga lo correcto.
Debe saber quién conduce.
Debe saber cómo conduce.
Debe conocer las condiciones de los vehículos.
Debe establecer políticas sobre velocidad, uso del teléfono celular, consumo de alcohol, descanso, mantenimiento y cumplimiento de las normas.
Debe capacitar.
Debe supervisar.
Y, sobre todo, debe entender que cada vehículo que pone en circulación representa una responsabilidad.
Porque cuando una empresa administra correctamente sus riesgos, no solamente protege sus activos.
Protege vidas.
Y aquí quiero llevar esta reflexión directamente a nuestra realidad dominicana.
Debemos comenzar por el Estado, porque resulta difícil exigir una conducta ejemplar al ciudadano cuando vemos diariamente a conductores del transporte colectivo estatal violando las reglas de tránsito. Las empresas de transporte de carga también deben jugar un papel fundamental en este plan, porque vemos vehículos pesados circulando a alta velocidad y utilizando carriles que no les corresponden. Y ni hablar de los conductores del transporte de pasajeros de los distintos sindicatos, donde también encontramos comportamientos que ponen en riesgo la vida de quienes utilizan nuestras vías. Y mucho menos podemos dejar fuera a los motociclistas, uno de los grupos más vulnerables y, al mismo tiempo, uno de los que más desafíos representa para la seguridad vial.
Si conseguimos que las empresas que tienen flotillas, que transportan personas, que distribuyen mercancías y que utilizan vehículos como herramienta de trabajo adopten verdaderas políticas de seguridad vial, estaremos creando miles de conductores mejor preparados.
Es decir, podemos ir de lo general a lo particular.
Primero organizamos a las empresas.
Después organizamos a los conductores.
Y finalmente estaremos contribuyendo a organizar el tránsito.
Porque un conductor que recibe capacitación, que sabe que su empresa supervisa su comportamiento, que entiende que conducir de manera irresponsable tiene consecuencias y que trabaja con un vehículo correctamente mantenido, tiene mayores posibilidades de convertirse en un conductor responsable también fuera del horario laboral.
La seguridad vial no puede ser solamente una campaña publicitaria.
No puede ser un cartel que diga “maneje con prudencia”.
No puede reducirse a colocar una multa cuando alguien viola la ley.
La seguridad vial tiene que convertirse en una cultura.
Y las empresas pueden ser una de las herramientas más poderosas para construirla.
Por eso, quizás la discusión que debemos comenzar en República Dominicana no sea únicamente cómo sancionar al conductor que viola las normas.
También debemos preguntarnos:
¿Qué están haciendo las empresas para evitar que sus conductores se accidenten?
¿Cuántas empresas conocen realmente el riesgo vial al que están expuestos sus empleados?
¿Cuántas tienen programas de capacitación?
¿Cuántas revisan los antecedentes de sus conductores?
¿Cuántas controlan el mantenimiento de sus vehículos?
¿Cuántas tienen protocolos para evitar conducir bajo los efectos del alcohol, utilizar el teléfono celular o exceder los límites de velocidad?
Y una pregunta todavía más importante:
¿Cuántas empresas consideran la seguridad vial como una inversión y no como un gasto?
Colombia nos está mostrando que el problema puede ser abordado desde las organizaciones.
No significa que Colombia haya resuelto su problema vial. Ningún país puede decirlo.
Pero sí significa que podemos estudiar experiencias que nos ayuden a construir nuestra propia solución.
Y en esto también tiene un papel importante el sector asegurador.
Porque el seguro no debe aparecer solamente después del accidente.
El seguro debe formar parte de una cultura de prevención y administración de riesgos.
Si queremos reducir la cantidad y gravedad de los accidentes de tránsito en nuestro país, tenemos que involucrar al Estado, las empresas, las aseguradoras, los corredores de seguros, los conductores, los centros educativos y, naturalmente, a toda la sociedad.
El tránsito que tenemos es el resultado de muchas conductas.
Por eso, cambiarlo también requiere cambiar muchas conductas.
Quizás ha llegado el momento de dejar de preguntarnos únicamente cómo castigar al que conduce mal y comenzar a preguntarnos cómo podemos lograr que cada empresa que pone un vehículo en nuestras calles sea también responsable de formar mejores conductores.
Porque si organizamos a las empresas, podremos ayudar a organizar a las personas.
Y si logramos organizar a las personas, quizás algún día podamos comenzar a organizar nuestro tránsito.
La seguridad vial no comienza en la carretera.
Comienza mucho antes.
Comienza en la decisión de una empresa de proteger la vida de quien conduce.
Y quizás ese sea uno de los caminos que debemos comenzar a recorrer en República Dominicana.
