OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- Las recientes declaraciones del ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, durante el almuerzo de la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (AMCHAMDR), merecen una profunda reflexión.

Si el 91 % de los ingresos del Estado ya tiene un destino comprometido, estamos frente a una realidad fiscal que no admite eufemismos. Eso significa que la mayor parte de los recursos públicos son ingresos rígidos: fondos destinados de antemano al pago de deuda, nómina, transferencias y demás obligaciones ineludibles. El margen para invertir, innovar o responder a nuevas necesidades es cada vez más estrecho.

Más significativo aún es que esta advertencia llegue luego de haberse implementado recientemente medidas fiscales y que, aun así, el propio ministro plantee la necesidad de una reforma estructural. Ese mensaje debe ser interpretado con la seriedad que merece.

Mi conclusión es sencilla: la fiesta del déficit permanente se está terminando. Durante décadas se ha gobernado con déficits recurrentes, endeudamiento creciente, privilegios sectoriales y decisiones políticas que han ido reduciendo el espacio fiscal. Hoy los números comienzan a pasar factura.

Los números no votan, no hacen campaña ni responden a intereses partidarios. Simplemente reflejan la realidad.

Como dice la Escritura: “El que tenga oídos para oír, que oiga; y el que tenga ojos para ver, que vea.”

Quizás estamos llegando al momento en que la República Dominicana deba emprender una reforma fiscal integral, no basada únicamente en recaudar más, sino también en revisar el gasto, eliminar privilegios injustificados, priorizar la inversión productiva y garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Porque cuando el 91 % de los ingresos ya está comprometido, el verdadero desafío deja de ser cómo gastar más y pasa a ser cómo administrar mejor.

La fiesta parece haber terminado. Y al último que salga… que apague la luz.