OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- La eventual entrada de Santiago Matías “Alofoke” a la competencia presidencial de 2028 merece analizarse con mayor profundidad que la simple popularidad de un comunicador convertido en fenómeno de masas. La pregunta no debe ser únicamente cuánto puede sacar electoralmente, sino algo mucho más importante: ¿de dónde saldrían sus votos y a quién terminaría beneficiando su candidatura?

El reciente artículo de Dayvi López Vargas aporta elementos que no pueden ignorarse. El pasado político de Matías no comenzó ayer. En 2011 estuvo vinculado al movimiento “La Primera Primero”, que promovía las aspiraciones presidenciales de Margarita Cedeño. En 2019 aspiró a una diputación por el PLD y, al retirar sus aspiraciones, declaró públicamente que llevaba doce años militando en esa organización.

Por tanto, resulta difícil presentar a Alofoke como un outsider políticamente puro que apareció repentinamente desde fuera del sistema. Conoció el sistema desde dentro, participó en él y mantuvo relaciones públicas con importantes figuras peledeístas.

Eso, naturalmente, no demuestra que hoy responda al PLD, a Fuerza del Pueblo, al PRM ni a ninguna otra organización. Las personas cambian, los intereses políticos evolucionan y las alianzas se transforman. Pero su historia debe formar parte del análisis de su presente.

Ahora aparece “Dominicanos Primero”, con la intención declarada de convertir su enorme capital mediático en una fuerza electoral. Y ahí comienza lo verdaderamente interesante.

En política, un candidato no necesita ganar unas elecciones para determinar quién las gana. Puede bastarle con obtener un porcentaje significativo procedente mayoritariamente de uno de los bloques enfrentados para cambiar completamente el resultado.

Por eso considero prematuro afirmar que Santiago Matías sea un “caballo de Troya” diseñado por alguien. Hasta ahora no conocemos pruebas públicas que permitan hacer responsablemente semejante acusación.

Pero existe otra posibilidad mucho más interesante: que termine convirtiéndose en un caballo de Troya funcional, independientemente de sus intenciones.

Si Alofoke logra penetrar principalmente entre jóvenes, desencantados del sistema, antiguos votantes peledeístas, simpatizantes de Fuerza del Pueblo y sectores que buscan una alternativa al PRM, podría terminar fragmentando considerablemente el voto opositor.

Y ahí la matemática electoral comienza a hablar.

En República Dominicana se necesita más de la mitad de los votos válidos para ganar la Presidencia en primera vuelta. Una tercera candidatura suficientemente fuerte puede alterar por completo el equilibrio entre oficialismo y oposición.

Por eso, más importante que preguntarnos hoy quién está detrás de Alofoke, deberíamos comenzar preguntándonos:

¿A quién le está quitando los votos Alofoke?

Esa será la verdadera radiografía política.

Existe además un fenómeno que la dirigencia tradicional dominicana quizás todavía no ha comprendido en toda su dimensión. Durante décadas, construir una candidatura presidencial requería estructuras provinciales, locales partidarios, dirigentes municipales y años recorriendo el territorio.

Las redes sociales modificaron ese paradigma.

Alofoke posee algo que muchos políticos quisieran tener y que el dinero por sí solo no garantiza: atención permanente de millones de personas, particularmente jóvenes y sectores populares.

Eso constituye poder político real.

Subestimarlo por su estilo, su lenguaje o sus orígenes en el entretenimiento urbano sería un grave error.

También se ha insinuado que sectores diplomáticos extranjeros podrían observar con interés determinadas figuras emergentes de la sociedad dominicana. Sobre esto debemos ser particularmente responsables. Hasta ahora no conocemos evidencia pública verificable que permita afirmar que una embajada, legación diplomática o gobierno extranjero esté financiando, organizando o promoviendo electoralmente a Santiago Matías.

Las embajadas practican diplomacia pública y se reúnen con empresarios, comunicadores, académicos, políticos, líderes sociales e influencers. Una reunión no constituye una conspiración, una invitación no demuestra financiamiento y una fotografía tampoco prueba una operación política.

Quien afirme algo diferente deberá presentar las pruebas.

Lo mismo debe aplicarse a cualquier controversia relacionada con Francisco Domínguez Brito y los antecedentes judiciales de Matías. Si alguien sostiene que existieron intervenciones irregulares, favores o padrinazgos, debe presentar expedientes, sentencias, actuaciones y fechas. En política, precisamente porque abundan los rumores, debemos exigir mayor rigurosidad documental.

Alofoke podría terminar siendo candidato, negociador, fenómeno pasajero o una verdadera fuerza electoral. Es demasiado temprano para saberlo.

Lo que ya no resulta razonable es ignorarlo.

Su pasado político existe. Su capacidad comunicacional es indiscutible. Su proyecto político comienza a tomar forma y su penetración en determinados segmentos de la sociedad merece seguimiento.

Pero antes de buscar conspiraciones quizás exista un método mucho más sencillo para comprender el fenómeno:

seguir los votos.

Cuando aparezcan nuevas encuestas, no miremos solamente cuánto marca Alofoke.

Preguntemos de dónde vienen sus electores.

¿Del PRM?

¿De Fuerza del Pueblo?

¿Del PLD?

¿De personas que normalmente se abstendrían?

¿De jóvenes que nunca votarían por ninguno de los partidos tradicionales?

Si crece principalmente a costa del oficialismo, representará una amenaza para quien gobierne.

Si crece fundamentalmente a costa de Fuerza del Pueblo, del PLD y del resto de la oposición, estará produciendo un efecto político completamente diferente.

Y si finalmente fragmenta suficientemente el voto opositor como para facilitar una victoria oficialista, entonces quizás algunos terminen llamándolo “caballo de Troya”, aunque nunca se demuestre que existieron caballo, Troya ni conspiración alguna.

Porque en política no siempre importa únicamente quién impulsa una candidatura.

A veces la pregunta verdaderamente decisiva es mucho más sencilla:

¿Quién termina beneficiándose de ella?

Y esa respuesta, más que cualquier rumor, podría decirnos cuál será el verdadero papel de Alofoke en las elecciones dominicanas de 2028.