OPINIÓN, ANDRÉS A AYBAR, PARA 7 SEGUNDOS.- Lo que estaba previsto finalmente sucedió. Los demócratas recuperaron el control del Congreso estadounidense, según las proyecciones electorales, y Donald Trump deberá enfrentar una nueva realidad política: el poder presidencial tiene límites.
Siempre sostuve que el gran error estratégico de Trump sería Irán. El éxito militar obtenido en Venezuela, con la captura de Nicolás Maduro, pudo haberlo llevado a sobreestimar su capacidad para imponer decisiones en cualquier escenario internacional.
Pero Venezuela no era Irán.
La guerra contra Irán terminó convirtiéndose en un conflicto prolongado, con consecuencias energéticas, económicas y diplomáticas que golpearon directamente al consumidor estadounidense.
Trump prometió prosperidad, estabilidad económica y evitar nuevas guerras. Sin embargo, sus decisiones internacionales, la incertidumbre arancelaria y sus declaraciones contradictorias terminaron enfrentándolo con sus propias promesas.
Y fue la economía la que amplificó su desgaste político.
El ciudadano estadounidense no vota solamente por demostraciones de poder militar. Vota pensando en cuánto cuestan los alimentos, la gasolina, la vivienda y cuánto dinero le queda para vivir.
Trump pareció olvidar que gobernar no es imponer permanentemente la voluntad presidencial, sino conciliar intereses, administrar las contradicciones y comprender las consecuencias de cada decisión.
Las urnas expresaron una demanda de mayores contrapesos institucionales. El Congreso recupera protagonismo y el presidente tendrá que negociar durante los dos años restantes de su mandato.
La gran lección trasciende las fronteras estadounidenses: ningún gobernante puede confundir una victoria electoral con un cheque en blanco, ni una victoria militar con el éxito político.
Venezuela alimentó la percepción de fortaleza. Irán expuso los límites de esa estrategia. La economía terminó pasando factura.
En democracia, el poder no es eterno ni absoluto. Y cuando un gobernante pierde de vista esa realidad, las urnas se encargan de recordárselo.
