OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.-De una travesura entre amigos a una gran tradición del golf dominicano.

Hay torneos que nacen para competir, otros para ganar trofeos y algunos, sin proponérselo, para hacer historia.

El PQ nació de la amistad y terminó convirtiéndose en una leyenda.

Hace muchos años, en La Romana Country Club, un grupo de amigos comenzó a reunirse para jugar golf, sin imaginar que estaba sembrando una tradición que sobreviviría al paso de las generaciones.

Eran tiempos de camaradería, bromas interminables y una interpretación bastante generosa del reglamento.

Porque PQ significaba sencillamente ¡PALO QUITADO!

Si la bola desaparecía en el monte, no siempre aparecía en la tarjeta. Si un golpe resultaba un verdadero martirio, surgía alguna explicación ingeniosa. Y si había que quitarse un palo, ¡se quitaba!

Lo importante no era ganar, sino compartir.

¡Qué tiempos aquellos, cuando los golpes podían desaparecer de la tarjeta, pero los amigos permanecían para toda la vida!

UN HOMENAJE A LOS FUNDADORES

Hoy, cuando el PQ se ha convertido en uno de los torneos de mayor tradición y reconocimiento social de nuestro golf, tenemos el deber de mirar hacia atrás.

Antes de las grandes premiaciones, los patrocinadores y la organización actual, hubo un grupo de hombres que aportó lo más valioso: amistad, entusiasmo y alegría de vivir.

Muchos de aquellos pioneros hemos llegado a la tercera edad. Seguimos jugando, aunque nuestros drives sean más cortos y nuestras rodillas nos recuerden que los años no pasan en vano.

Pero otros queridos compañeros ya no están con nosotros.

A ellos dedico especialmente estas líneas. A quienes compartieron nuestras primeras rondas, nuestras risas y aquellas interminables conversaciones después del juego.

Sus nombres y recuerdos forman parte del patrimonio sentimental del PQ.

Porque los grandes torneos se construyen con organización, pero las grandes tradiciones se construyen con personas.

LA NUEVA GENERACIÓN TOMÓ LA ANTORCHA

Una de nuestras mayores satisfacciones es comprobar que las nuevas generaciones han sabido conservar y engrandecer aquella iniciativa.

Transformaron un encuentro informal en un acontecimiento golfístico de prestigio, manteniendo intacto su espíritu de amistad y confraternidad.

A quienes hoy organizan y sostienen este torneo, nuestro reconocimiento y gratitud.

Porque una tradición se vuelve inmortal cuando una generación sabe entregarla y otra tiene la grandeza de conservarla.

16 Y 17 DE OCTUBRE: CELEBREMOS NUESTRA HISTORIA

Este viernes 16, durante la recepción de apertura, y el sábado 17, cuando volvamos a jugar en La Romana Country Club, tendremos una hermosa oportunidad para celebrar mucho más que un torneo.

Ojalá podamos levantar nuestras copas por los fundadores que todavía nos acompañan, por los amigos que partieron y por las nuevas generaciones que mantienen encendida esta antorcha.

Mi mayor deseo es que nuestros hijos, nietos y futuras generaciones continúen reuniéndose alrededor del PQ, conservando su esencia como símbolo de amistad, unión familiar y compañerismo.

Porque los años pasan, los drives se acortan, los trofeos envejecen y los campeones cambian.

Pero la verdadera victoria es conservar los amigos y los recuerdos que nos acompañan durante toda la vida.

A los fundadores, honor y gratitud.

A nuestros amigos ausentes, recuerdo eterno.

A la nueva generación, nuestro reconocimiento.

¡LARGA VIDA AL PQ!

Y que dentro de cincuenta años nuestros nietos puedan seguir contando cómo comenzó esta maravillosa historia.

Porque los palos se quitaban… ¡PERO LA AMISTAD JAMÁS.