OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA. Nicolás Maquiavelo murió hace casi quinientos años, pero probablemente se sentiría bastante cómodo observando la política del siglo XXI. Su gran aporte no fue enseñar a los gobernantes a ser perversos, como muchas veces se simplifica, sino obligarlos a mirar la realidad política sin disfraces.

Maquiavelo separó lo deseable de lo posible. Entendió que gobernar exige conocer la naturaleza humana, anticipar los intereses, construir instituciones y actuar antes de que los problemas se vuelvan inmanejables.

¿Qué nos diría Maquiavelo si hoy caminara por la República Dominicana?

  1. El problema fiscal: todos conocen la enfermedad, nadie quiere pagar el costo político de la medicina.

La República Dominicana lleva años hablando de reforma fiscal. Gobiernos, empresarios y economistas reconocen periódicamente que el sistema necesita cambios, pero cuando llega el momento de ejecutarlos aparece el temor al costo político.

¿Qué diría Maquiavelo?

Probablemente advertiría que los problemas difíciles deben enfrentarse cuando todavía son administrables. Una de sus grandes enseñanzas es que los males políticos, cuando comienzan, son difíciles de detectar pero fáciles de corregir; cuando todo el mundo puede verlos, ya son fáciles de reconocer pero mucho más difíciles de remediar.

Aplicado a nuestro país: esperar a que una crisis obligue a realizar una reforma fiscal sería precisamente lo contrario de la prudencia maquiavélica.

  1. El sistema eléctrico: administrar eternamente el problema en vez de resolverlo.

Durante décadas hemos invertido enormes recursos en un sector eléctrico que continúa representando una pesada carga para las finanzas públicas. Cada administración introduce reformas, pero ninguna parece conseguir cerrar definitivamente el problema.

¿Qué aconsejaría Maquiavelo?

Atacar las causas estructurales y no comprar tranquilidad temporal. Para Maquiavelo, aplazar una dificultad generalmente significa permitir que otro la encuentre más grande.

El subsidio puede ser necesario socialmente, pero cuando se convierte en sustituto permanente de eficiencia, cobro, inversión y disciplina institucional, deja de ser solución y pasa a formar parte del problema.

  1. La independencia de la justicia: no basta parecer independiente.

Tenemos una Constitución que proclama la separación de poderes. Sin embargo, mientras jueces y otros funcionarios fundamentales dependan para su permanencia de decisiones donde interviene directamente el poder político, siempre existirá una sombra sobre la independencia real del sistema.

¿Qué diría Maquiavelo?

Que las instituciones deben diseñarse teniendo en cuenta los intereses humanos, no suponiendo que quienes ejercen el poder siempre actuarán desinteresadamente.

La verdadera independencia no puede descansar únicamente en la buena voluntad del gobernante. Debe descansar en reglas que hagan difícil interferir incluso cuando exista la voluntad de hacerlo.

  1. El clientelismo político: cuando el Estado se convierte en instrumento electoral.

Una de nuestras grandes debilidades continúa siendo la utilización del empleo público, los subsidios y determinados privilegios como mecanismos para construir lealtades políticas.

La respuesta maquiavélica sería incómoda pero sencilla:

Un gobernante que confunde la fortaleza del Estado con la fortaleza de su partido termina debilitando ambos.

Maquiavelo comprendió que un Estado estable necesita instituciones que sobrevivan al gobernante. La administración pública debería pertenecer a la República, no temporalmente al partido que ganó las elecciones.

  1. Haití y la inmigración: gobernar la realidad y no los extremos.

La República Dominicana enfrenta una situación extraordinariamente compleja como consecuencia del deterioro institucional haitiano. Aquí aparecen inmediatamente dos extremos: quienes pretenden ignorar las consecuencias para nuestro país y quienes creen que cualquier respuesta puede darse sin considerar derechos, economía y relaciones internacionales.

¿Qué recomendaría Maquiavelo?

Prudencia acompañada de firmeza.

La política exterior no puede construirse solamente sobre emociones. El Estado dominicano debe proteger sus fronteras y sus intereses nacionales, pero también calcular cuidadosamente las consecuencias internacionales, económicas y humanas de cada decisión.

La firmeza sin inteligencia puede ser tan peligrosa como la debilidad.

  1. Educación: gastar más no necesariamente significa gobernar mejor.

La República Dominicana tomó una decisión histórica al dedicar importantes recursos públicos a la educación. Sin embargo, años después seguimos discutiendo la calidad del aprendizaje.

¿Qué preguntaría Maquiavelo?

No cuánto dinero estamos gastando, sino qué resultados está produciendo ese dinero.

La política pública no puede medirse exclusivamente por sus intenciones. Un gobernante debe tener la capacidad de cambiar aquello que no funciona, incluso cuando reconocerlo resulte políticamente incómodo.

  1. La corrupción y la impunidad: las leyes que no se cumplen debilitan al Estado.

Nuestro problema no siempre ha sido la ausencia de leyes. Muchas veces ha sido la distancia entre la ley escrita y su aplicación.

Aquí Maquiavelo sería particularmente severo.

Un Estado que anuncia consecuencias que después no ejecuta termina enseñándole al ciudadano que incumplir puede resultar rentable.

La autoridad institucional depende menos de la cantidad de leyes que de la certeza de que serán aplicadas.

  1. La planificación nacional y la Diosa Fortuna.

Quizás esta sea la enseñanza más interesante.

Maquiavelo sostenía que la Fortuna controla una parte importante de los acontecimientos humanos, pero dejaba otra parte en nuestras manos. El estadista no puede controlar una pandemia, una guerra internacional, una crisis haitiana, un aumento súbito del petróleo o una recesión mundial.

Lo que sí puede hacer es preparar al Estado para resistirlos.

Maquiavelo comparaba la Fortuna con un río desbordado: cuando llega la inundación destruye cuanto encuentra, pero durante los tiempos tranquilos pueden construirse diques y defensas.

Ese posiblemente sea uno de los grandes problemas dominicanos: somos extraordinariamente hábiles reaccionando ante las crisis, pero mucho menos disciplinados preparándonos para ellas.

Maquiavelo y nosotros.

La gran lección maquiavélica para la República Dominicana no sería que debemos gobernar con dureza. Sería algo mucho más profundo:

gobernar la realidad antes de que la realidad termine gobernándonos.

Tenemos problemas fiscales conocidos, deficiencias eléctricas conocidas, debilidades institucionales conocidas, problemas educativos conocidos y una situación haitiana cuyo deterioro conocemos perfectamente.

Nuestra dificultad no está principalmente en identificarlos.

Está en asumir oportunamente el costo político de resolverlos.

Maquiavelo probablemente nos recordaría que el verdadero estadista no es aquel que administra exitosamente el presente, sino quien toma hoy decisiones cuyos beneficios quizás serán disfrutados cuando él ya no esté en el poder.

Y ahí está precisamente la diferencia entre gobernar para las próximas elecciones y gobernar para la próxima generación.