OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- En este Día de las Madres quiero apartarme de las felicitaciones de ocasión y detenerme a reflexionar sobre algo que muchas veces damos por sentado: el papel silencioso, constante e insustituible que desempeñan las madres en la construcción de nuestras vidas.
Con los años he llegado a la conclusión de que las madres son probablemente la institución más importante que existe en una sociedad. No aparecen en los presupuestos nacionales, no ocupan ministerios ni reciben reconocimientos proporcionales a su sacrificio, pero sobre sus hombros descansa gran parte de lo que somos.
Cuando miro hacia atrás y repaso mi propia historia, veo la figura de mi madre presente en cada etapa importante. La recuerdo preocupándose por detalles que en aquel momento parecían insignificantes: si había comido, si llevaba el uniforme correcto, si tenía dinero para una necesidad inesperada o si estaba rodeado de buenas compañías. Cosas pequeñas que, vistas desde la distancia, fueron enormes demostraciones de amor.
Con el paso del tiempo descubrimos que las madres poseen una capacidad extraordinaria: sufrir en silencio para que otros no sufran. Muchas veces esconden sus preocupaciones, sus dolores y sus propios temores para transmitir seguridad a sus hijos.
He tenido también el privilegio de observar esa misma grandeza en otras mujeres de mi familia. Vi a mi fallecida esposa desempeñar ese papel durante décadas. Vi cómo acompañó a nuestros hijos en cada uno de sus desafíos, cómo celebraba sus triunfos y cómo sufría sus preocupaciones como si fueran propias. Y aún en medio de su enfermedad, seguía preocupándose más por el bienestar de los demás que por el suyo.
He visto igualmente a mi hija y a mi nuera asumir con admirable valentía las responsabilidades de la maternidad en tiempos que no siempre han sido fáciles. Las he visto equilibrar trabajo, hogar, hijos, responsabilidades familiares y situaciones complejas sin perder la capacidad de dar cariño, orientación y apoyo.
Quizás por eso hoy entiendo que una madre no solo da vida. También da estabilidad emocional, transmite valores, construye carácter, mantiene unida a la familia y, muchas veces, sirve de puente entre generaciones.
Cuando una madre falta, su ausencia se siente en cada rincón de la casa. No solo porque ya no está físicamente, sino porque descubrimos la enorme cantidad de funciones visibles e invisibles que realizaba cada día.
Y cuando una madre permanece presente, muchas veces olvidamos agradecerle todo lo que hace porque nos acostumbramos a verlo como algo natural.
Hoy quiero rendir homenaje a todas esas mujeres que han sostenido familias enteras con amor, paciencia y sacrificio. A las madres jóvenes que están comenzando el camino. A las que tienen hijos adultos y siguen preocupándose por ellos como el primer día. A las abuelas que continúan siendo consejeras permanentes. Y también a aquellas que ya partieron, pero cuyo legado sigue vivo en cada hijo, nieto y bisnieto.
La historia de una nación se escribe en los palacios de gobierno y en los congresos. Pero el futuro de una nación se forma, principalmente, en los hogares, bajo la guía amorosa de una madre.
Hoy me quito el sombrero ante todas ellas.
Porque detrás de casi toda persona de bien, hubo una madre que creyó en ella antes que nadie.
Y ese es un legado que no tiene precio.
¡Feliz Día de las Madres!

