OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- En una sociedad donde con frecuencia se diluye la memoria histórica, resulta imprescindible reconocer a quienes no solo ejercen una profesión, sino que encarnan una herencia de servicio. Ese es el caso del Dr. Felipe Perdomo Aybar, cuya trayectoria se entiende mejor cuando se observa la raíz de la que proviene.

Nieto del eminente médico Luis Eduardo Aybar Jiménez, figura cuyo legado trasciende generaciones y cuyo nombre honra la principal plaza sanitaria del país —la Ciudad Sanitaria Dr. Luis Eduardo Aybar—, Felipe Perdomo Aybar no solo continúa una tradición médica: la proyecta hacia los desafíos contemporáneos.

Pero su historia no se limita a la herencia. El Dr. Perdomo Aybar ha sido también protagonista de su propio camino, destacándose como pionero en el desarrollo de los servicios de salud en la región de Punta Cana, en momentos en que el crecimiento turístico superaba la infraestructura médica disponible. Su visión contribuyó a sentar bases para una atención más cercana, oportuna y acorde con una zona en plena expansión.

No se trata únicamente de una línea de sangre, sino de una línea de pensamiento. En él converge la medicina como ciencia y como compromiso social. Su preocupación por temas como la inmigración ilegal, el deterioro ambiental y el impacto de los cambios demográficos en los servicios de salud no surge desde la teoría, sino desde la observación clínica y la experiencia acumulada en el contacto directo con la realidad dominicana.

El Dr. Perdomo Aybar representa una generación que entiende que la medicina no puede limitarse al consultorio. Así como su abuelo fue símbolo de entrega y visión institucional en su tiempo, él asume hoy el rol de intérprete de nuevas tensiones sociales que afectan la salud colectiva.

Su voz no es estridente, pero sí firme. Es la voz de quien ha sido formado en el rigor, pero también en la sensibilidad. La de quien comprende que el desarrollo no puede construirse ignorando los equilibrios sociales, ni desatendiendo los servicios básicos que sostienen la dignidad humana.

En tiempos donde muchas opiniones se emiten sin profundidad, la de Felipe Perdomo Aybar adquiere valor precisamente por lo contrario: porque está sustentada en historia, formación, acción y compromiso.

Reconocerlo es, en cierto modo, reconocer también la vigencia de una tradición médica dominicana que ha sabido poner al ser humano en el centro. Una tradición que no pertenece al pasado, sino que sigue viva en quienes, como él, la honran con hechos, visión y responsabilidad.