EDITORIAL, 7 SEGUNDOS.- Estar apáticos y negados a las reformas que el gobierno tiene la intención de ejecutar a partir del próximo 16 de agosto, sería como conocer la necesidad de tener una cena familiar para resolver problemas y dejar una sola persona, que le gusta el pico y pala, decida el menú completo.
Si sectores importantes del país deciden no sentarse en las mesas para discutir las reformas estructurales, todos vamos a comer cocote de pollo, aunque nuestro deseo sea una pechuga a la plancha con crema de hongos y unos ricos tostones.
El país tiene una oportunidad en estos cuatro años de sentarse en la mesa de discusión para las tantas reformas estructurales pendientes. Un gobierno tiene mayoría técnica en congreso y ejecutivo, quién lleva la dirección está dispuesto a sentarse a la mesa y ha demostrado que, a pesar de tener su agenda o intenciones, dentro de sus posibilidades busca el consenso de todos los sectores ¿Por qué no ir? ¿Por qué estar renuentes?
Aún para el mismo gobierno, liderado por Luis Abinader, sería imposible ofrecer el mejor menú de la bolita del mundo mundial si nadie más que su círculo aporta ideas de qué ofrecer en este tan importante comensal de las reformas.
Después de aprobado, gritar o querer “arreglar, será imposible, pues el presidente no puede armar ingredientes para una comida que no se discutió ni ofreció en la planificación de este evento de las reformas. Es por ello, que todos los sectores debemos ver hacia el futuro como la oportunidad de oro para construir la República Dominicana de los próximos cincuenta años. Dar opciones de menú, ideas para cortes de filete y estar dispuestos a perder una que otra cosa para así avanzar, pero todos… debemos sentarnos en la mesa de la discusión para una mejor República Dominicana.
Las reformas van sí o sí, por tanto es mejor si todos formamos parte en la decisión del menú. De lo contrario, se harán como la mayoría técnica diga o decida porque fueron los únicos en la mesa de discusión.
