OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- En medio del intenso debate sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas, una propuesta del economista Pedro Silverio me pareció particularmente sensata y digna de una reflexión nacional.
Su planteamiento parte de una realidad innegable: la República Dominicana no puede seguir posponiendo las decisiones económicas difíciles por temor al costo político que implican. Cada gobierno reconoce la necesidad de una reforma fiscal, pero pocos están dispuestos a asumir el desgaste que conlleva impulsarla.
La solución que propone Pedro Silverio rompe ese círculo vicioso.
Consiste en que, con suficiente antelación a las próximas elecciones, los principales partidos políticos alcancen un gran acuerdo nacional sobre las medidas económicas y fiscales que el país necesita. De esa manera, quien resulte electo no tendría que cargar solo con el costo político de las decisiones, sino que actuaría respaldado por un compromiso previamente asumido por todas las fuerzas políticas.
Se trataría de un verdadero pacto de Estado, no de un pacto de gobierno.
Cuando las reglas del juego son conocidas y aceptadas por todos antes de las elecciones, desaparece la tentación de utilizar la reforma fiscal como arma política. El debate deja de centrarse en quién propone las medidas y pasa a enfocarse en cómo ejecutarlas de la manera más eficiente, justa y transparente.
La sostenibilidad de las finanzas públicas no es un problema de un partido ni de un presidente. Es un desafío nacional que compromete el futuro de varias generaciones. Si todos los actores políticos coinciden en que la situación fiscal requiere correcciones profundas, entonces también deberían compartir la responsabilidad de adoptar las soluciones.
Los grandes países han logrado superar momentos difíciles mediante acuerdos nacionales que trascienden los períodos de gobierno. La República Dominicana también necesita construir esa madurez institucional.
Posponer las decisiones solo hace que el problema sea más costoso para quienes vengan después. En cambio, un consenso previo permitiría ofrecer certidumbre a los ciudadanos, a los inversionistas y a los mercados, fortaleciendo la credibilidad del país.
La propuesta de Pedro Silverio merece ser debatida con seriedad. No porque elimine el costo de las reformas, sino porque distribuye la responsabilidad entre todos los que aspiran a dirigir la nación.
Quizás haya llegado el momento de que la política dominicana deje de competir únicamente por el poder y comience también a competir por la capacidad de construir acuerdos que garanticen la estabilidad económica del país.
