OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 SEGUNDOS.- El día de ayer, domingo, en la Iglesia de la Santísima Trinidad, el sacerdote compartió una reflexión que me inspiró a pensar en tres indicadores simples —y a la vez reveladores— que podríamos usar para medir si un país avanza o se estanca. No hablo de índices macroeconómicos ni de cifras oficiales, sino de señales claras que todos podemos observar.
- El talento que se queda.
No basta con celebrar las graduaciones universitarias. La verdadera medida del desarrollo está en cuántos de esos nuevos profesionales deciden quedarse en la República Dominicana para aportar con su talento, en lugar de emigrar en busca de mejores oportunidades. - El pulso de las bancas de apuestas.
La proliferación de casas de apuestas es un espejo de la desesperanza. Cuando el azar, y no el ahorro ni el trabajo, se convierte en la ilusión colectiva de progreso, es señal de que algo profundo no está funcionando en la economía real. - El consumo de alcohol per cápita.
Más allá del debate moral, las estadísticas de consumo de alcohol nos hablan de hábitos, evasiones y, en ocasiones, del grado de frustración social. Un país que bebe más de lo que produce bienestar sostenible debería detenerse a pensar.
Propongo que, así como existe el “McDonald’s Index” para comparar economías a través del precio de una hamburguesa, en nuestro país podamos tener un “Índice Palatino” —llamado así por la colina romana donde se observaba la vida del pueblo— para evaluar si, en términos humanos y sociales, la República Dominicana está avanzando o retrocediendo.
No es un índice técnico, pero sí uno que invita a mirarnos en el espejo y hacernos una pregunta incómoda: ¿estamos construyendo un país para que la gente viva mejor… o para que aprenda a irse, apostar y beber?
