El pasado 13 de octubre, el gobierno dominicano, a través del Ministerio de la Juventud y el programa Supérate, lanzó el proyecto «Tarjeta Joven«, una iniciativa destinada a brindar apoyo económico y social a jóvenes de entre 18 y 35 años que cumplan con ciertos criterios de elegibilidad.

Entre los beneficios que presenta el programa, se incluye un aporte económico mensual de RD$2,500, afiliación gratuita al régimen subsidiado de SENASA y descuentos en servicios de transportes, como la OMSA, el teleférico, los peajes, el metro y los corredores, además de rebajas en museos, actividades culturales y algunos comercios aliados.

La directora de Desarrollo Social de Supérate afirmó que la «Tarjeta Joven» representa un nuevo pacto social del Estado con las juventudes, al garantizarles acceso equitativo a derechos y oportunidades. 

“Tarjeta Joven busca apoyar a la población juvenil de forma integral, más allá de lo económico, fortaleciendo sus capacidades sociales, académicas y productivas de manera sostenible”.

Sin embargo, surgen interrogantes sobre la viabilidad a largo plazo de este tipo de programas. ¿Podrá el gobierno mantener esta inversión de manera sostenida en el tiempo sin comprometer otros sectores prioritarios? Además, no queda del todo claro cuáles serán los criterios de selección y cómo se garantizará la equidad en el proceso de distribución de las tarjetas.

Uso de una aplicación para poder gestionar los beneficios de las tarjetas

Mediante la información brindada por el Ministerio de la Juventud, se informó que la tarjeta estará acompañada de una aplicación móvil que permitirá a los usuarios gestionar los beneficios, realizar transacciones y acceder a servicios en línea.

Según el ministro Carlos Valdez la herramienta tecnológica es un símbolo de equidad que conecta a los jóvenes con el futuro, pero también con el presente a través de becas, cultura, movilidad y oportunidades que mejoran su calidad de vida.

No obstante, el éxito de esta aplicación dependerá en gran medida del nivel de acceso a tecnología y conectividad que tengan los beneficiarios. En un país donde aún persisten brechas digitales importantes, ¿será esta app realmente inclusiva para todos los jóvenes, especialmente aquellos de zonas rurales o con menos recursos?

El programa está dirigido a integrantes de organizaciones sociales, jóvenes con alguna discapacidad, madres y padres adolescentes, jóvenes profesionales sin empleo, jóvenes emprendedores o empresarios, jóvenes sin empleo, jóvenes dominicanos/as de ascendencia extranjera, jóvenes que residen en el extranjero, jóvenes de comunidades rurales, así como aquellos que se dedican exclusivamente al cuidado del hogar.

Además, contempla a quienes no se identifican con ninguna de estas categorías específicas, asegurando un enfoque inclusivo y representativo de las distintas realidades juveniles y contará con acceso a descuento en ferias y talleres del Ministerio de Cultura e INFOTEP.

Resulta válido preguntarse cómo será monitoreado el uso de la tarjeta en el extranjero y qué mecanismos de control existirán para evitar fraudes o el uso indebido de los fondos públicos. La falta de transparencia en la rendición de cuentas ha sido una preocupación histórica en varios programas sociales.

Propósito del plan

Inicialmente, el plan tiene el propósito de ayudar a 10,000 jóvenes dominicanos, para lo que destinó una inversión de aproximadamente 250 millones de pesos dominicanos.

El Ministerio de la Juventud espera que con el tiempo la cantidad de jóvenes que ingresen al programa sea mayor a la implementada inicialmente.

La Tarjeta Joven, desarrollada por la Unidad Técnica de Estudios sobre Juventudes del Ministerio, se alinea con las prioridades presidenciales de reducción de la desigualdad, modernización del Estado y fortalecimiento de la protección social.

A través de este proyecto el gobierno dominicano busca brindar una ayuda a cientos de jóvenes para generar más oportunidades de inclusión y crecimiento.

Aunque la iniciativa es positiva en su planteamiento, su verdadero impacto dependerá de la implementación efectiva, el seguimiento riguroso y la capacidad del Estado para adaptarse a los desafíos que puedan surgir. De lo contrario, podría quedarse en una promesa bien intencionada pero con efectos limitados.