OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- La principal preocupación del dominicano hoy no parece estar en las grandes cifras macroeconómicas, sino en algo mucho más sencillo: llegar a fin de mes.
Durante años hemos celebrado, con razón, el crecimiento económico de la República Dominicana, el desarrollo del turismo, la inversión extranjera, las zonas francas, las remesas y la estabilidad macroeconómica.
Pero ha llegado el momento de hacernos una pregunta incómoda:
¿Ese crecimiento está llegando con suficiente fuerza al bolsillo del ciudadano común?
Ahí puede estar uno de los principales desafíos económicos, sociales y políticos de los próximos años.
Cuando una economía crece pero una parte importante de la población siente que los alimentos, la vivienda, la electricidad, el transporte, la educación y los servicios aumentan más rápidamente que su capacidad para pagarlos, comienza a producirse una peligrosa separación entre las estadísticas y la percepción ciudadana.
Y en democracia, ambas realidades importan.
No basta con decir que el PIB crece. Hay que preguntarse cuánto crece el ingreso disponible de las familias después de pagar sus necesidades esenciales.
No basta con crear empleos. Hay que preguntarse qué calidad tienen esos empleos y cuánto pueden comprar los salarios que generan.
No basta con atraer inversiones. Debemos preguntarnos cuánto valor agregado, productividad, capacitación y movilidad social dejan esas inversiones en el país.
Ese debería ser el gran debate dominicano.
Porque alrededor del costo de la vida terminan conectándose muchos de nuestros demás problemas: salarios insuficientes, informalidad, vivienda cada vez más costosa, servicios públicos deficientes, endeudamiento familiar y una clase media que siente una presión creciente.
República Dominicana ha demostrado que sabe crecer.
El desafío de esta nueva etapa es mucho más complejo: lograr que ese crecimiento se transforme en bienestar perceptible para una mayoría cada vez mayor de dominicanos.
Ese posiblemente sea uno de los grandes temas que definirán el debate nacional camino al 2028.
La pregunta que debemos comenzar a responder desde ahora es sencilla:
¿Cómo hacemos para que el éxito económico del país se sienta también en la mesa y en el bolsillo de cada familia dominicana?
