Cada 7 de septiembre, la República Dominicana celebra el Día Nacional del Salami, un producto que con el paso de los años se ha convertido en parte de la identidad y la gastronomía popular del país.
Más que un embutido, el salami ocupa un lugar especial en la memoria de los dominicanos. Está presente en los desayunos familiares, en los almuerzos cotidianos y en esas reuniones alrededor de la mesa que reúnen a varias generaciones.
Su versatilidad lo ha convertido en protagonista de algunos de los platos más populares de la cocina dominicana. Es uno de los acompañantes del tradicional «mangú con los tres golpes», junto a los huevos y el queso frito, además de ser ingrediente de preparaciones como el locrio de salami, los espaguetis y los infaltables plátanos fritos con salami, una combinación que se ha convertido en favorita de muchos hogares.
La historia del salami en el país está vinculada a la comunidad judía que se estableció en Sosúa, Puerto Plata, cuyos integrantes introdujeron su producción y posteriormente adaptaron el producto a los gustos locales.
Con el paso del tiempo, el salami dejó de ser un alimento asociado a un grupo específico y pasó a formar parte de la mesa de familias de distintos sectores sociales, convirtiéndose en uno de esos sabores que evocan el hogar y despiertan nostalgia entre los dominicanos que viven fuera del país.
