Bruselas. — En medio de acusaciones de corrupción contra la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, por la compra de vacunas de Pfizer, el bloque comunitario admitió que las primeras dosis contra el covid-19 fueron administradas bajo una autorización de comercialización condicional, es decir, sin contar aún con un expediente completo de datos de seguridad y eficacia.
El escándalo, bautizado como “Pfizergate”, estalló tras la interpelación del eurodiputado austriaco Gerald Hauser, del Partido de la Libertad de Austria, quien cuestionó la transparencia de los contratos y la ausencia de información clara hacia la ciudadanía europea.
El contrato y sus cláusulas
Hauser citó el Acuerdo de Compra Anticipada firmado con BioNTech y Pfizer, que reconocía explícitamente que los Estados miembros aceptaban la posibilidad de efectos secundarios desconocidos y la falta de información sobre la eficacia y los riesgos a largo plazo de las vacunas. «¿Por qué la Comisión no informó a la ciudadanía de que la eficacia y la seguridad de las vacunas génicas, tal como estipula el tratado, no estaban garantizadas?», planteó el eurodiputado en su interpelación.
Respuesta oficial de la Comisión Europea
La Comisión reconoció que las primeras vacunas aprobadas en diciembre de 2020 fueron autorizadas bajo un esquema de “comercialización condicional”, mecanismo que permite el uso de medicamentos en situaciones de emergencia sanitaria aun cuando el dossier de datos clínicos no está completo. «Los organismos reguladores pueden utilizar esta opción cuando existan datos suficientes que demuestren que los beneficios superan los riesgos, con estrictas salvaguardias y controles posteriores», aclaró el bloque en su comunicado.
Reacciones y críticas
Lejos de apaciguar la polémica, la respuesta desató nuevas críticas. Hauser acusó a la Comisión de «confirmar abiertamente que todas las personas vacunadas fueron tratadas como conejillos de Indias». Según sus declaraciones, la admisión oficial de Bruselas demuestra que «cientos de millones de europeos recibieron vacunas mal probadas».
El debate se suma a la polémica por los contratos ocultos y los mensajes de texto nunca revelados entre Von der Leyen y el director ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, lo que ha alimentado sospechas de opacidad en la gestión de la mayor compra de medicamentos en la historia de la Unión Europea.
El caso Pfizergate continúa escalando en Bruselas, donde organismos como la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF) y la Fiscalía Europea (EPPO) investigan posibles irregularidades en la negociación de los contratos.
