La tradicional Parada Dominicana del Bronx, que durante años fue un vibrante desfile de cultura y orgullo caribeño, ha tomado un giro preocupante en sus últimas ediciones. Lo que antes era una muestra de folclore, comparsas y tradiciones dominicanas, hoy muchos lo describen como un “desorden” o una “fiesta sin control”.
Este cambio ha encendido un debate entre los talentos de 7 SEGUNDOS, quienes se preguntan si no existe cierta doble moral en la forma en que juzgamos estos comportamientos. Mientras criticamos el caos de la Parada en Nueva York, en la República Dominicana ocurren situaciones similares —o incluso peores— y a menudo se les resta importancia. ¿Por qué el juicio cambia según el lugar? Algunos incluso comparan: si esto lo hicieran los haitianos aquí, ¿la reacción sería la misma?
De comparsas a conciertos callejeros
Patricia Sánchez afirmó que históricamente, la parada era un escaparate de la riqueza cultural dominicana, con comparsas, bailes folclóricos y expresiones artísticas que evocaban el espíritu del carnaval. Sin embargo, en las últimas ediciones, el evento se ha visto dominado por altos volúmenes de dembow, el consumo excesivo de alcohol y una atmósfera de desenfreno que poco se parece a sus orígenes.
Imágenes y videos que circulan en redes sociales muestran a participantes subidos en vehículos, bailando de forma provocativa en las calles y generando un caos que poco tiene que ver con la celebración cultural.
El espejo haitiano
La situación ha llevado a Andilis Almonte a plantear la siguiente pregunta: ¿Si los haitianos hicieran lo mismo aquí en República Dominicana? «Dirían que están trayendo desorden y que no respetan nuestras leyes», Esta es la esencia de la crítica: la percepción de una doble moral.
Mientras en suelo dominicano se exige orden y respeto a las normas a las comunidades inmigrantes, la diáspora dominicana en Estados Unidos parece adoptar una actitud más laxa ante el descontrol en eventos públicos. Es irónico ver cómo aquí criticamos el desorden y la informalidad, pero cuando estamos en otro país, somos los primeros en romper las reglas y armar un relajo.
La discusión en el panel se centra en la coherencia y en cómo la permisividad de un entorno diferente puede llevar a comportamientos que serían inaceptables en casa.
¿Cultura o Caos? El Debate Continúa
El debate entre Andilis Almonte, Patricia Sanchez Jabe Ramirez y Gregory Paniagua no solo se limita a la moralidad, sino que también toca la esencia de lo que debería representar un evento cultural.
¿Se está perdiendo la esencia de la dominicanidad en el afán de la celebración? ¿O es esta nueva manifestación una evolución natural de la cultura urbana que, en un ambiente diferente, se expresa sin las mismas restricciones?
Lo cierto es que la Parada Dominicana del Bronx, en su forma actual, ha dejado de ser un mero desfile para convertirse en un termómetro social que mide las contradicciones y los desafíos de una identidad en constante evolución, tanto en la diáspora como en la propia isla. La pregunta persiste: ¿Hasta qué punto la libertad en un país ajeno justifica un «desorden» que sería duramente criticado en casa?
