El Nobel de Economía ha distinguido este lunes a la estadounidense Claudia Goldin por sus investigaciones sobre la participación de la mujer en el mercado laboral y la brecha salarial entre sexos.

Goldin, tercera mujer en ganar este Nobel, proporcionó el «primer informe integral» sobre los salarios y la participación en el mercado laboral de las mujeres a lo largo de los siglos, revelando las causas del cambio y el origen de la «pendiente diferencia de género», señaló en su fallo la Real Academia de las Ciencias Sueca.

Los estudios de la galardonada, centrados en los dos últimos siglos en Estados Unidos, revelaron que la participación femenina siguió una tendencia de curva en forma de U, debido a los cambios estructurales y la evolución de las normas sociales sobre las responsabilidades familiares y en el hogar de las mujeres.

La brecha salarial entre hombres y mujeres se explica durante buena parte del siglo XX por diferencias en elecciones educativas y laborales, tomadas a una edad temprana y tomando como referente la experiencia de generaciones previas, sostiene Goldin.

La economista estadounidense, ganadora del Nobel, que demostró la importancia de la píldora anticonceptiva en acelerar los cambios en el mercado laboral, explicó que esa diferencia se da en la actualidad sobre todo entre hombres y mujeres con la misma ocupación y que surge con el nacimiento del primer hijo.

Antes de que Goldin empezase a publicar sus trabajos en la década de 1990, los estudios se habían centrado en datos del siglo XX y concluían que había una clara vinculación positiva entre crecimiento económico y número de mujeres asalariadas.

Elaborando nuevas bases de datos usando estadísticas industriales, censos y estudios históricos sobre el uso del tiempo, Goldin modificó esa creencia y probó que la proporción de mujeres en el mercado laboral estadounidense a finales de la década de 1890 era mucho mayor de lo que se creía.

El progreso tecnológico, el crecimiento del sector servicios y un mayor nivel educativo aumentaron la demanda de mano de obra femenina en el siglo XX, pero el estigma social, la legislación y otras barreras institucionales, aparte del matrimonio, limitaron la influencia de esos factores.

«Durante la mayor parte del siglo XX, las mujeres sobrestimaron cuánto trabajarían: las expectativas y los resultados no empezaron a converger hasta la década de 1970. En consecuencia, las mujeres que eran jóvenes en ese período invirtieron más en su educación», señala la Real Academia de las Ciencias.