Durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada entre el 13 y el 15 de febrero, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, presentó un discurso que marcó un viraje en la política exterior de la administración Trump. Su mensaje se centró en la reconciliación y la unidad estratégica con Europa, en contraste con la retórica más confrontativa que había caracterizado encuentros previos.

Rubio aseguró que Washington no pretende imponer una relación de dependencia, sino consolidar una alianza basada en respeto mutuo. «No pedimos que Europa sea un vasallo de Estados Unidos; queremos ser su socio», afirmó ante líderes internacionales que recibieron sus palabras con aplausos.

El secretario de Estado apeló a la historia y la cultura compartidas, evocando figuras como Da Vinci, Beethoven y Shakespeare, y subrayando que la cooperación debe trascender lo económico y militar para incluir valores espirituales y culturales. Incluso recordó sus raíces familiares españolas como ejemplo de los vínculos que unen a ambos lados del Atlántico.

Aunque conciliador, Rubio no evitó señalar errores del pasado, criticando el exceso de confianza en el «fin de la historia», el libre comercio sin límites y las políticas climáticas que, según él, han debilitado a Occidente. También advirtió sobre los riesgos de la inmigración masiva, defendiendo el control fronterizo como un acto de soberanía.

En su intervención, subrayó que Estados Unidos necesita una Europa fuerte y autónoma, capaz de asumir mayor responsabilidad en su defensa. Además, lanzó críticas directas contra la ONU por su incapacidad para gestionar crisis en Gaza, Ucrania y Venezuela, justificando la reciente captura de Nicolás Maduro como una medida necesaria para la seguridad regional, pese al malestar que generó en algunas capitales europeas.