CARACAS, VENEZUELA.- El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, declaró en un discurso reciente que Jesucristo es “dueño de Venezuela”, una afirmación cargada de simbolismo religioso que se produce en un momento de crecientes tensiones con Estados Unidos. Según Maduro, este mensaje refuerza la identidad cristiana del país y su resistencia frente a lo que califica como presiones externas imperialistas.
El anuncio se suma a sus reiteradas advertencias contra la intervención estadounidense. Maduro sostiene que Venezuela es un territorio sagrado y bendecido, y ha vinculado su discurso religioso con una narrativa política de defensa nacional. Además, ha recurrido a referencias divinas para justificar su autoridad y reafirmar su legitimidad frente a las amenazas externas.
Este pronunciamiento se da en un contexto donde Maduro también ha buscado la mediación de la Iglesia Católica para consolidar la paz en el país, como lo demuestra su reciente carta al papa León XIV. En ella, el líder chavista solicitó apoyo del Vaticano para preservar la estabilidad en Venezuela ante lo que considera un despliegue militar de Washington en el Caribe.
La combinación de mensajes religiosos y políticos ha generado reacciones diversas: para sus seguidores, la declaración enfatiza su visión de un Estado con valores cristianos; para sus críticos, representa una estrategia para legitimar su poder e invocar una causa trascendental en la escalada de confrontación con Estados Unidos.

